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Taiwán, la política del dólar y la diligente postura guatemalteca
Por Erwin Pérez - Guatemala, 12 de junio de 2007

Con absoluta seguridad en sus palabras, el Presidente guatemalteco Óscar Berger reiteró con firmeza su decisión de mantener las relaciones diplomáticas con la República de China, Taiwán, la semana pasada. Es muy posible que antes de anunciar tal convencimiento, el mandatario haya recibido un par de llamadas de la diplomacia taiwanesa encargada de la región centroamericana. Y es que por estos días hay nerviosismo y preocupación en los taiwaneses, luego que Costa Rica decidiera inclinarse por establecer relaciones diplomáticas con China Continental y romper los nexos que hasta el pasado 01 de junio sostenía con Taiwán.

El presidente costarricense, Óscar Arias, dijo con soberana autoridad que era una importante decisión "seriamente meditada y que reajusta nuestras relaciones diplomáticas a nuestra realidad contemporánea". La pérdida que sufrió Taiwán no es asunto menor. Tampoco tiene que ver en esencia con las relaciones comerciales entre ambas naciones. El rompimiento lleva implícito para Taiwán la pérdida de un voto diplomático de suma importancia en la búsqueda de convertirse en un país soberano.

La isla de Taiwán, tomada por Japón y devuelta a China al finalizar la Segunda Guerra Mundial en 1945, lleva casi de 60 años (desde 1949) tratando de ser reconocida por Naciones Unidas como un país independiente, sin conseguirlo hasta el momento. La estrategia seguida por los taiwaneses para conseguir tal propósito se basa fundamentalmente en la compra de voluntades.

Taipei ha encontrado en Centroamérica, desde hace varias décadas, un importante reducto de políticos fácilmente comprables para que le reconozcan como Estado independiente. Los millones y millones de dólares invertidos en proyectos y programas de desarrollo impulsados en la región, tienen el oscuro fin de doblegar la soberanía de los países y presionarlos para que rechacen las intenciones de China por recuperar política y territorialmente la isla de Taiwán.

En ese espinoso camino de corrupción a gran escala, los diplomáticos taiwaneses han otorgado enormes cantidades de dinero a varios mandatarios centroamericanos para sostener su utopía de ser Estado. El más descarado ejemplo de esta “diplomacia del dólar” son los tres cheques que entregaron al ex presidente guatemalteco Alfonso Portillo por US$1 millón 500 mil en el año 2000, y que se suman a los US$14.6 millones que se han descubierto a ex mandatarios de Costa Rica, Nicaragua y Panamá.

Los cheques, provenientes directamente del Banco Internacional de Comercio de China -que tiene capital del Gobierno de Taiwan-, fueron entregados para “ayudar a Guatemala”, declaró el gobierno taiwanes en un fallido intento por limpiar no solo su nombre sino de Portillo, quien en ese entonces debía dar su respaldo a Taipei, ante las Naciones Unidas.

Taiwán, declarada una provincia en rebeldía por China, ha extendido sus tentáculos de corrupción disfrazando sus glamorosas prebendas a periodistas, empresarios y políticos del país, de becas, asistencia técnica y financiamientos. Antes de los cheques entregados personalmente a Portillo, Taiwán, se involucró muy estrechamente con la seguridad del Estado, durante el gobierno de Álvaro Arzú. Su propagada presencia en las estructuras de inteligencia y seguridad del país, le otorgan enorme ventaja a la hora de presionar.

Debido a esa oscura y corrupta forma de actuar de Taipei, es que llama poderosamente la atención que el actual presidente Óscar Berger, haya reaccionado de forma tan eficiente y complaciente con los Taiwaneses, por un asunto diplomático que los “rebeldes chinos” tienen con Costa Rica.

Aunque no se tratase de esa cuestionada manera de repartir dólares a cambio de votos, la relación con Taipei tampoco tendría en el fondo beneficios comerciales. Guatemala firmó sin mayor contratiempo durante el actual gobierno un Tratado de Libre Comercio con la isla de Taiwán, sin que hasta el momento se tenga plena convicción de eso fue lo correcto. Costa Rica en cambio, optó por estrechar sus vínculos con una súper potencia.

No está demás indicar que China ha tenido un crecimiento económico sostenido que ronda el 10% de su Producto Interno Bruto; que su pujante economía textil la ha puesto a la cabeza del mercado, incluso por encima de Estados Unidos y de Europa unida. Tampoco está demás hacer ver que el sistema socialista chino expresa una transparente y correcta forma de hacer política internacional, que dista mucho de la oscura y corrupta diplomacia, que en Guatemala es respaldada únicamente por el ala conservadora de la derecha.

Dadas estas explicaciones, sería altamente sano para nuestra enclenque democracia, que el Presidente Berger, brindará explicaciones reales sobre los motivos que lo llevaron a ser tan generoso –por no decir servil- con la corrupta República China.

Fuente: www.i-dem.org - Nueva Época números 1219 - 110607


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