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Después de todo no tuvo ‘carácter’ para defender su plan
Por Erwin Pérez - Guatemala, 28 de octubre de 2007

Y nos quedaremos con las ganas de presenciar un debate entre los candidatos a la presidencia, en el cual aborden sus planes de gobierno. El candidato Otto Pérez Molina, envalentonado ya con la tendencia hacia el triunfo que muestran las encuestas y los comentarios de la calle en áreas urbanas, le hacen pensar que esa banda presidencial en disputa será puesta sobre su pecho. Sus declaraciones y comportamientos ya no son los de un candidato en busca de votos sino de alguien que tiene asegurado el puesto de Presidente. Hasta ayer así ha sido su comportamiento en las últimas dos semanas.

Pero la realidad legal es que los votos aún no se han emitido y en la política nada está dicho sino hasta que efectivamente se dice, y el último voto es contabilizado. La actitud con tonalidades de arrogancia que muestra el candidato del PP, podría poner en riesgo su probabilidad de triunfo. Y es que la opinión pública está molesta por la insolencia con la que el candidato rechazó la invitación a debatir los planes de gobierno.

Su voluntaria inasistencia proyecta sobre él varios aspectos que en ningún caso le favorecen. Para comenzar reitera ese comportamiento autoritario de su formación militar en la cual se hace lo que él dice, cuando él lo ordena y cómo él lo quiere. Nada se mueve sin su consentimiento.

Luego provee a la ciudadanía de un escenario que podría ser la constante en cuatro años de eventual gobierno ‘patriota’: inaccesibilidad al diálogo, insensible para atender los asuntos de atención popular e indiferente ante los reclamos y demandas de la sociedad. Y tercero, su ausencia a un debate, tan solo confirma que en campaña electoral y proselitismo se puede decir de todo, pero que a la hora de la verdad no es capaz de asumir sus compromisos y responsabilidades. En este caso del debate, su responsabilidad era defender su plan de gobierno, a menos claro que éste sea como dice su contrincante Álvaro Colom: “una lista de supermercado”.

Basta leer las columnas de opinión de los últimos tres días para darse cuenta que la arrogancia de Pérez Molina tiene en el fondo una dosis de cobardía para defender racionalmente sus propuestas y demuestra inseguridad ante sus propios planteamientos. Si tuvo miedo de enfrentar a quien él llama el de la “mano aguada”, que podríamos esperar cuando le toque enfrentar al crimen organizado, las pandillas o a los evasores fiscales. Y de enfrentar las decisiones que vienen de Washington ni se diga, allí simplemente doblará las rodillas.

Y para mayor muestra de lo que podría esperarnos con un gobierno cuasimilitar como el de Pérez, dos de sus diputadas más apreciadas –Menos que Roxana Baldetti claro. Hay que evitar los celos políticos- del patriota están enredadas en escándalos de corrupción. Descubiertas en su exquisito gusto por hoteles cinco estrellas, las diputadas Conchita Mazarriegos y Anabella de León, deberán pagar la cuenta de su cita en un lujoso hotel de Antigua Guatemala. Ellas pretendían que el Congreso les reembolsara el dinero gastado en aquel gusto de Q14 mil, que dicho por ellas, sirvió para una reunión de trabajo legislativo. En el que solamente ellas estuvieron.

El problema de fondo para el Partido Patriota es que su antesala a las elecciones está saturada de factores negativos que podrían, eventualmente, mover la favorable correlación de fuerza electoral que posee en las áreas urbanas del país. Porque ¿quién quiere en el Gobierno a un partido compuesto por un líder que se resiste al diálogo, arrogante y temeroso de enfrentar a sus adversarios en el terreno de las ideas? La respuesta cae por su peso, pero si además agregamos una bancada oficial (posible) en la cual sus diputados hacen lo que quieren con el dinero del Estado demostrando que lo más irrelevante para ellas es el “carácter” que su líder dice poseer.

Desde luego que pensar en una derrota de Pérez Molina en las urnas como consecuencia de su arrogancia o de la falta de control en su bancada es difícil. Más determinante sería para la población, por ejemplo, descubrir que detrás del candidato arropado con “carácter y decisión” como dice su slogan, en realidad hay alguien que muestra debilidades y cobardías que pronostican la continuidad en los problemas de inseguridad y violencia.

A favor de su candidatura también confluyen otros aspectos que tienen en riesgo el triunfo de Álvaro Colom. Lo primero es que Colom también tiene sus problemas, y no son pocos. Pero además, la población parece estar sicológicamente dispuesta a soportar un régimen cuasi militar si éste, le pone freno a la criminalidad, aunque muchos otros creen que la epidemia de asesinatos que está ocurriendo proviene de un grupo organizado de fines político-electorales. Homicidios que disminuirán una vez cumplido su objetivo en las urnas.

Fuente: www.i-dem.org - Nueva Época números 1317 - 261007


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