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De la crisis económica a la ingobernabilidad
Por Erwin Pérez - Guatemala, 10 de noviembre de 2007

Los precios de los combustibles reflejan hoy en Guatemala lo que desde hace cuatro semanas se muestra en el mercado mundial del petróleo: un alza sostenida e imparable en el precio por barril de crudo. Solo era cuestión de tiempo. Los signos estaban bien claros.

Los guatemaltecos, igual que el resto de pueblos dependientes, estamos ingresando inevitablemente a una espiral inflacionaria de la cual no nos salva nadie. Ello desde luego no implica quedarse de brazos cruzados a observar cómo el sistema capitalista mundial nos desaparece por ser pobres. Sin embargo, poco es lo que podemos hacer en las próximas semanas que se vaticinan realmente duras.

No se trata, como podría pensarse, de ser pesimistas y poco luchadores. Simplemente es una breve observación a la realidad que nos rodea.

Así, los guatemaltecos nos sentimos bastante aliviados por la culminación de un proceso electoral lo suficientemente transparente para creer que la democracia es el mejor camino. Sin embargo, este sistema político ha sido de pocos éxitos para resolver los problemas inmediatos de la población. La pobreza, la desigualdad y el inequitativo acceso a servicios básicos son asuntos que, seguramente estarán muy acentuados cuando dentro de dos meses haya un cambio democrático de gobierno.

Y no es para menos, el alza a los combustibles que señalamos al inicio, proyecta un problema serio para las autoridades, las empresas, los comerciantes, para la economía familiar y el país en general. El valor por galón de gasolina acaricia los Q30.00 (más o menos US$ 3.90) con claras evidencias que superará con facilidad ese precio. El diésel ha subido un 10%, mientras que el gremio de transportistas del servicio colectivo urbano de pasajeros ya ha hecho cuentas y los señores quieren que el valor de pasaje se “ajuste” con un aumento de hasta Q3.50 por boleto, cuando su precio actual es de Q1.00.

Adicionalmente se puede prever una subida en los precios de productos y servicios. Los fletes que cobran por llevar verduras y legumbres hasta los mercados de barrio también tendrán un aumento y éste, como suele pasar, será trasladado al consumidor final. La energía eléctrica, sufrió un aumento en su valor de 5% recientemente. En tanto que el gas propano registró alzas de hasta 10% en todos cilindros.

Lo primero que queda absolutamente claro con estos aumentos es el decrecimiento en el nivel de vida de millones de guatemaltecos. Casi instantáneamente se percibirá un ambiente de intranquilidad social, seguido de otros efectos que son muy predecibles. Algunos de ellos deben trasladarnos de la natural preocupación a la inmediata reacción, comenzando por atender la exigencia de los transportistas de subir el costo del pasaje. En este asunto hay tres alternativas, y ninguna es beneficiosa: una alternativa es que la comuna, encargada del transporte colectivo urbano, autorice sin más discusión el aumento; la segunda es que el gobierno y la municipalidad dispongan absorber el costo económico y otorguen un aumento al subsidio que actualmente reciben los camioneteros y, la tercera es que los empresarios del transporte tomen conciencia de la precariedad de las familias y desistan del aumento.

Los escenarios: si la comuna autoriza un alza al pasaje, aunque ésta no se de las dimensiones solicitadas por los transportistas, la intranquilidad se apoderará de la ciudad, y las fiestas de fin de año no serán tan “felices”. Peor aun, se abrirían las posibilidades a protestas callejeras y de enfrentamientos que, podrían terminar en tragedias. Políticamente esta opción no es saludable ni para la democracia, ni para la comuna y menos para el gobierno que tomará posesión en enero. Elegir el camino del subsidio, es la ruta más fácil pero la más costosa, porque el Estado tendría que dejar de atender otras áreas para cubrir las demandas de los 3 mil autobuses que forman la flotilla de autobuses urbanos. Y la tercera vía, es impensable. Los empresarios están en el negocio del transporte para hacer dinero, no para hacer conciencia de modo que esa alternativa es una quimera.

Hay una cuarta opción que nunca se explora y aquel que se atreva a promoverla sufrirá sin duda, la ira del poder económico del país. A saber: considerando que el servicio colectivo es utilizado por la mayoría para asistir a sus puestos de trabajo y luego regresar a sus hogares, ¿por qué no pensar en que las empresas con gigantescas utilidades aporten parte de sus ganancias para el transporte de su capital humano? Otra quimera, ¿verdad?

El tema del precio del pasaje es uno sólo de las preocupaciones. Las alarmas ya están encendidas y el gobierno está en la obligación de atenderlas para evitar el menor daño posible. Por ello debe valorarse como un buen comienzo que el Presidente en funciones, Eduardo Stein, hable de dar recomendaciones al nuevo gobernante para afrontar la crisis. Es igualmente saludable que ayer haya hablado con claridad sobre los problemas que se avecinan, por muy duros que éstos sean. Sería una irresponsabilidad mayúscula que el actual equipo de gobierno se distancie de su tarea y dejé al nuevo gobierno con una crisis que ya se sabe, causará ingobernabilidad si no se atiende de inmediato y con habilidad.

Fuente: www.i-dem.org - Nueva Época números 1326 - 091107


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