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Lavadita de manos en el problema del transporte
Por Erwin Pérez - Guatemala, 15 de noviembre de 2007

El Gobierno, está muy claro, tiene la profunda intención de evitar a toda costa cualquier tipo de problema que empaña sus últimos días, antes de entregar el cargo. Con absoluta tranquilidad el Presidente Berger ha dicho que se aumentará el subsidio al transporte colectivo urbano. Una medida bastante previsible de un gobierno que ha preferido doblar rodillas antes que entrar en conflictos.

Así ocurrió con los ex patrulleros, también con los empresarios en el tema fiscal, con los agroindustriales en el tema agrario e, incluso atendió con soberana mediocridad el combate al narcotráfico. Hubo desde luego eventos que no logró atenuar como hubiese sido el gusto del mandatario. Las protestas por el Tratado de Libre Comercio, y las repetidas huelgas magisteriales fueron asuntos de mayor incomodidad. Para mencionar dos ejemplos, pero ya pasaron. Y por eso sería, digamos, desagradable, enfrentar una crisis de protestas a pocas semanas de entregar el cargo.

El tema del aumento al precio del transporte colectivo urbano, encontró en la coyuntura actual de los hidrocarburos el mejor de los argumentos para que los empresarios consigan por fin un incrementar el precio por pasaje. Políticamente también es buen momento para los transportistas porque estamos en un periodo de transición de gobierno y, adicionalmente en el ámbito de las organizaciones sociales que se oponen históricamente a este aumento, están prácticamente desmovilizadas.

La postura del Presidente Óscar Berger de postergar y aumentar el subsidio a los camioneteros no expresa otro mensaje que el de la mediocridad para atender un problema al cual solo se le da larga cada año. Con su decisión, solamente se lava las manos.
Hay que reconocer que los costos de operación de los transportistas se han elevado en los últimos años. Los combustibles, suministros y repuestos para las unidades han sufrido alzas; la delincuencia y el pago diario, semanal y mensual que deben desembolsar los empresarios por pago a las extorsiones también afecta indudablemente sus costos. Es decir, bajo la lógica del sistema capitalista, ese no resulta un negocio rentable si, el precio lo fija el Estado y no el mercado.

Ante ello la pregunta obligada y eterna es: ¿por qué los empresarios del transporte no cambian de negocio? Entre las diversas respuestas, la primera que queda descartada es aquella orientada a creer que los transportistas prestan el servicio por su enorme compromiso social y su interés profundo por las clases desposeídas que utilizan el servicio público para transportarse.

Una primera respuesta podría ser que si bien no obtienen grandes ganancias, como hace 15 ó 20 años, si reciben lo suficiente para vivir y mantener a su familia; otra posibilidad es que además de los viajes reglamentarios, hacen otros extras que les proveen dinero; quizá haya quienes no dejan el negocio porque este es solo parte de un conjunto de empresas adicionales como las gasolineras, ventas de repuesto para vehículos o el alquiler de taxis (tareas con las que más se identifican los propietarios de camionetas). También hay aquellos que tienen el monopolio del control de la Asociación de Transportistas y, ha trascendido se quedan con enormes cifras de dinero, producto de la cuota que cobran a las cooperativas.

En fin, el mundo de los transportistas es extenso. Pero el objetivo de este artículo es en realidad hacer una reflexión sobre la trivial forma en que se atienden los problemas estructurales del país. Y no hablamos sólo de este gobierno, sino de los que le han antecedido y muy probablemente del que vendrá en enero.

Los problemas se abordan sin profundidad. Así ocurre con el tema fiscal, negociar un impuesto “temporal” es vergonzoso en un país con tremendas necesidades; remozar los hospitales, cuando lo que se requiere es una política integral de salud, es la costumbre; monitorear los expendios de combustible cuando lo urgente es hacer y poner en marcha una política de energía alternativa, es preocupante.

Lo mismo ocurre con el transporte público. En ese sentido, la municipalidad capitalina es la más desentendida del problema hasta ahora. El alcalde Álvaro Arzú con su tremenda soberbia y pese a tener más del 60% de votos a su favor, a sido incapaz de resolver de fondo el problema del transporte (pese al transmetro); la basura y el suministro del agua.

No podía ser de otra manera, Arzú y berger tienen de la misma escuela, esa que tiene el poder de la comuna desde hace 20 años y que no ha resuelto nada. Todo lo reduce a una lavada de manos y listo.

Fuente: www.i-dem.org - Nueva Época números 1330


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