Revista electrónica de discusión y propuesta social 
Revista · Documentos · Archivo · Blog   Año 2 - 2005

::::albedrío::::

Revista
Editorial
Artículos
Entrevistas
Noticias

linea

Redacción

linea

Enlaces

linea

SiteMap
Contacto


Otros documentos de consulta

De orden internacional
De carácter oficial
Comunicados

 

 

 

Un empedrado tratado comercial
Por Erwin Pérez y Marc Thibault - Guatemala, 20 de junio de 2005

Ha quedado evidenciado que el peso que pueden ejercer los presidentes de Centro América y de República Dominicana, en círculos políticos de Estados Unidos, es insignificante. Los mandatarios hicieron todo tipo de reuniones y declaraciones, a inicios de mayo en visita conjunta a la Casa Blanca, para conseguir la ratificación en ese país del Tratado de Libre Comercio entre Centroamérica, República Dominicana y Estados Unidos.

Sin embargo, no consiguieron revertir la tendencia negativa que hacia ese acuerdo existe en poderosos sectores económicos y comerciales estadounidenses, que sí cuentan con poder en los círculos políticos de ese país. Las verdaderas reuniones que han cambiado esa tendencia, se dieron hasta la semana pasada y sin la participación de ningún mandatario centroamericano.

Las principales resistencias a ratificar el TLC, provenían del gremio azucarero y de la industria textil de EEUU, que rechazan absolutamente la ratificación porque otorga ciertas ventajas a los países centroamericanos, que no están dispuestos de tolerar. Pero también hay rechazos en ambos partidos. Tanto demócratas como republicanos tienen entre sus filas congresistas que están cuestionando seriamente la apertura comercial como medio para superar la crisis en que está la nación del norte.

Entre los más grandes opositores al Tratado, en EEUU, se encuentran los azucareros. Desde principios del siglo XIX, las autoridades norteamericanas han garantizado a los azucareros precios fijos, superiores al mercado y se limita drásticamente la cantidad de azúcar que se puede importar del extranjero. Con el TLC, se contempla el aumento progresivo de la cantidad de azúcar que se podrá importar desde Centroamérica, por lo tanto los azucareros temen cuantiosas pérdidas y no están dispuestos a ceder fácilmente. Por ello, los diputados republicanos, que provienen de los estados donde se produce azúcar, rechazan el TLC. Visto desde la perspectiva negativa de ambos, se puede concluir que si los azucareros pierden sus privilegios, los congresistas perderán el apoyo de los azucareros y muchos quedarán fuera en las futuras elecciones pues su financiamiento se verá mermado.

Similar situación ocurre con los congresistas – demócratas o republicanos- que provienen de Carolina del Norte como Carolina del Sur, donde se asientan los mayores productores textiles de Estados Unidos. Si bien este gremio está dividido entre los que aprueban el TLC y los que se oponen, la influencia en el poder político la tienen, mayoritariamente, los sureños de ambas Carolinas. Sus temores se centran en argumentar que el TLC permitirá a los textileros centroamericanos utilizar hilazas y materias primas provenientes de Asia, más baratos, lo que otorga ventajas competitivas a los centroamericanos. Está libertad de comprar hilazas en Asia, es un factor que no era posible con la Iniciativa para la Cuenca del Caribe, que pone restricciones para ello y las medidas estaban acordadas para comprar las hilazas a Estados Unidos. Desde esa perspectiva resulta entendible por qué sólo dos de los 23 congresistas de las Carolinas están a favor del CAFTA.

Adicionalmente, hay que contar a los congresistas que no están influenciados ni por textileros o azucareros pero que también se oponen, y razones tienen de sobra. Desde que se firmó el TLC de América del Norte, TLCAN, el déficit comercial (la diferencia entre lo que se vende y lo que se compra en el mercado internacional), no ha descendido y por el contrario muestra un sostenido aumento, que asciende a US$617 billones. Por ello, un número creciente de diputados demócratas y republicanos abogan para restringir el acceso al mercado estadounidense.

Por otra parte, el ala “izquierdista” demócrata, así cómo los sindicatos y otras organizaciones sociales se oponen al Tratado porque éste contempla muchos derechos para las grandes empresas y los inversionistas millonarios, mientras que no se prevé nada para garantizar el respeto al medio ambiente y de los derechos laborales de los trabajadores. Consideran que el TLC con Centroamérica es un retroceso en materia de derechos laborales, en comparación con otros tratados que EEUU firmó anteriormente. Además de ser injusto para los trabajadores centroamericanos, prevén que podrían perderse muchos empleos en EEUU, porque las empresas estadounidenses podrían mudarse para aprovechar la ausencia de derechos laborales y ambientales. Calculan que a raíz del TLC con México, en vigor desde 1994, cerca de un millón de empleos se mudaron hacía el otro lado de la frontera. Aunque no fue para el beneficio de los trabajadores mexicanos, porque los salarios bajaron y la migración hacía Estados Unidos se duplicó durante el mismo periodo.

Así, se ha ido complicando la tarea de reunir los 218 votos necesarios (de 435) para su ratificación. De modo que era necesario para la Casa Blanca adoptar medidas más drásticas e inmediatas. La semana pasada se hizo una votación ensayo en el Comité de Finanzas del Senado y otra en el Comité de Medios y Arbitrios (Ways and Means), de la Cámara de Representantes. En el primero la votación favoreció por 11 a 9 , mientras en la segunda 25 a favor y 16 en contra. El objetivo de Washington era hacer una medición real de las fuerzas para determinar el mejor momento para enviar la iniciativa para su ratificación, sobre la base de un margen favorable hacia el tratado. Porque de lo contrario la retendrían hasta crear las condiciones propicias.

Pero como no hay mucho tiempo para esperar, las autoridades decidieron hablar directamente con los opositores al CAFTA, de esa cuenta se comprometieron con los azucareros a utilizar todas las herramientas a su alcance para evitar que los productores centroamericanos ingresen más azúcar de la deseable a EEUU. Mientras que a los textileros les convencieron de que usarán el poder imperial para que los centroamericanos compren sus hilazas en EEUU. A los congresistas, por su parte, los persuadieron de que, a pesar de mantener su oposición, votaron a favor durante el ensayo, porque las negociaciones con los textileros y azucareros estaban dando resultados positivos.

De esa cuenta tenemos en la sala de visita dos asuntos de suma importancia: primero el envío formal de la iniciativa para su casi anunciada aprobación y, segundo: la aplicación de fuertes presiones políticas, económicas y comerciales contra los productores azucareros de la región y, contra el gremio textil, para favorecer, como siempre, a las empresas gigantes estadounidenses. Y los centroamericanos sabemos bien a que se refieren cuando hablan de ‘ejercer presión’ y utilizar todo el poder para hacer cumplir sus ‘caprichos’.

Por eso, es sumamente contradictorio y falaz que los presidentes del istmo salgan con argumentos demagógicos aduciendo, en territorio norteamericano, que el TLC contribuirá a la democracia de las naciones de la región. Y que ayudará a combatir la delincuencia y la pobreza, así como cualquier otro problema elevado al nivel de terrorismo. Cuando la realidad es que dos de los pocos beneficios que se tenían en el indeseado CAFTA (azúcar y textiles) serán seriamente dañados con las negociaciones a puerta cerrada que ocurrieron la pasada semana.

Fuente: www.i-dem.org


Copyright © El credito de las contribuciones es única y exclusivamente de los autores. El contenido de las contribuciones no representan necesariamente la opinión de la revista; los autores son responsables directos del mismo.