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Las“clases” en el Mundo Maya
Por Edelberto Torres-Rivas - Guatemala, 29 de mayo o de 2005

Dentro del mundo maya actual se perciben jerarquías socioeconómicas. Se han roto los estereotipos de antes.

Somos una sociedad con una profunda heterogeneidad estructural. Por lo general, el énfasis recae en la diversidad étnica y se olvida que ella se apoya en la estratificación clasista en la que los indígenas y mestizos ocupan la posición inferior y la burguesía (blanca/mestiza) la más alta. Esta diversidad compleja no es un resultado natural sino histórico; es el efecto múltiple de la naturaleza de los procesos de desarrollo que los grupos dominantes han venido aplicando desde hace un siglo y de las formas políticas de que se han servido.

La heterogeneidad de la sociedad aparece en cinco hendeduras estructurales de diversa fuerza: en primer lugar, las hondas diferencias de clase inherentes al sistema capitalista; luego la diversidad etnocultural, resultado de la conformación histórica que produjo el encuentro violento entre población aborigen y extranjera, pero sobre todo por las modalidades de explotación económica y subordinación social, política y cultural durante la colonia y la república. Esa diversidad cultural no es suficientemente captada en la dicotomía indios y ladinos (mestizos/ blancos) que se usa de manera casi inevitable1 y que desestima los efectos del mestizaje múltiple. Hay mestizaje racial y cultural en ambos sectores.

En tercer lugar está el gran trecho entre lo rural y urbano que pareciera separar dos mundos distantes por sus significativas diferencias. Hay también una división de género, que en culturas tradicionales opera a través del dominio patriarcal como fuente de violencia, injusticias y trato desigual. Y una quinta fisura, reciente, es de carácter religioso y se da entre católicos y diversos grupos evangélicos, que casi escinden por la mitad el alma devota de los guatemaltecos. Las dos primeras hendeduras, etnia y clase, inextricablemente unidas, definen lo esencial de la nación guatemalteca, explican más su conformación íntima.

A continuación se presentan datos sobre estratos sociales en el mundo indígena. Es la primera vez que se hace un intento así, resultado del análisis con un índice de estratificación2 que propone una diferenciación entre la población indígena en 5 niveles cuantitativos, así:

En el mundo maya actual hay un activo fermento de diferenciación socioeconómica, que no solo es resultado de los desarrollos de la sociedad exterior sino de una dinámica de cambio interna. Ya se perciben jerarquías socioeconómicas, una heterogeneidad apoyada en la estratificación social emergente, al punto que se habla de una pequeña burguesía indígena, unas clases medias3, (el 1.3 por ciento del total) que aún son reducidas, pues serían unas 60 mil personas. En todo caso, el cuadro anterior prueba la heterogeneidad socioeconómica en el interior de la población indígena.

Obsérvese que al estrato más bajo pertenece un 31.4 por ciento del total indígena y solo un 9.5 de no indígenas, pero en el estrato bajo la mayoría (56.4 por ciento) pertenece a las distintas etnias mayas. Es significativo que casi la mitad de los pobres sean mestizos/blancos4. Si la pobreza no es solo miseria material, sino analfabetismo, desvalimiento legal, poco acceso al poder social, explotación laboral, ¿un sector de los no indígenas también sufre tales carencias en tanto son igualmente pobres? La pregunta introduce a un ejercicio comparativo acerca de si ¿la explotación y subordinación económica y política que afecta a la mayoría indígena también golpea a una parte de los otros, los blanco/mestizos, en razón que son ambos igualmente pobres? Es riesgoso afirmar que la común indigencia material borra las diferencias culturales entre mayas y no mayas. Sin duda, esto no ocurre de forma tan determinística ya que la igualdad en las condiciones de vida no elimina aunque talvez debilitaría las diferencias culturales entre ambos grupos de pobres.

En Guatemala, el estereotipo clásico de la dicotomía ladino-indígena consiste en que al compararlos, el indígena es pobre, tiene poca o nula educación, vive en áreas rurales y tiene poco acceso al poder. Cualquiera de estos rasgos implicaría por sí solo la inferioridad social del indígena, pero en conjunto, la aseguran5. Y en el interior de este razonamiento, ¿cuáles son los rasgos de inferioridad del mestizo/blanco igualmente pobre? ¿Qué es más decisivo para explicar conductas o identidades, lo étnico o lo clasista? En una sociedad racista y pletórica de prejuicios culturales, de discriminación con los diferentes como Guatemala, puede ser más decisivo lo étnico. No se ha estudiado el comportamiento socio político de los miembros de estos estratos, si hay perceptibles diferencias en sus formas de identidad, en el ejercicio de su condición ciudadana. ¿Es posible que ellos o algunos sectores, lo expresen diferencialmente?

Otra consideración puede hacerse frente a la existencia de una elite indígena de altos ingresos (EA). ¿Se puede hablar en rigor de una emergente burguesía aborigen? Hay que recordar que los determinantes clasistas no son solo estructurales, que hay un universo social y cultural que los acompaña. Un ciudadano maya con empresas y alto ingreso, suponemos, podría o no seguir identificándose como indígena, manteniendo rasgos culturales básicos, pero su actuación como dueño del capital, inevitablemente, lo haría comportarse como patrón, como un burgués. Es riesgoso especular en aspectos tan especialmente sensibles, excepcionales, ya que se trata de un grupo muy pequeño de indígenas altos empresarios, pero cuyo reconocimiento social, sin duda, no está asegurado. ¿Cómo los juzgarían los empresarios mestizos/blancos?

La información sobre la estratificación étnica se complementa con las diferencias de consumo/ ingreso mensual y per cápita, correspondientes a los cinco niveles clasistas. Aparece en el cuadro siguiente un alto número de pobres, la suma de los estratos bajo extremo y bajo, lo delgado de las clases medias y lo concentrado de la elite superior.

Como puede verse, las diferencias de ingreso/consumo son expresivas entre los estratos y muy grandes en los extremos. Estos datos esconden una realidad aún peor, pues el consumo de las personas que pertenecen al EBE equivale a 3.18 quetzales diarios per cápita y el del EB a 8.45, lo que significa que 7 mil 812 personas, el 68 por ciento de la población nacional, está en el límite o debajo de la línea de pobreza muy próxima a la mendicidad. Y siendo los indígenas la mayoría de esos estratos, puede deducirse de ello el monto de su consumo e ingreso. Lo étnico y lo clasista se juntan.

En el análisis de las relaciones multiétnicas y clasistas, un estudioso de estos temas, Will Kymlicka6, argumenta que las exclusiones (económicas, políticas, culturales) siempre van juntas, aunque se trata de fenómenos distinguibles. Y la exclusión cultural que se superpone con ellas requiere un tratamiento especial, sobre todo en el caso de grupos étnicos. De manera sumaria establece que en el mundo moderno hay dos poderosas jerarquías que diferencian. Una, es la jerarquía clase/ economía, que determina la posición que se ocupa a partir de la relación con el mercado o los medios de producción. Las políticas para enfrentar estas desigualdades Nancy Fraser las llama “políticas de redistribución” y suponen luchas por la justicia social, redistribución de los ingresos o de la división del trabajo.

Otra, es la jerarquía estatus/cultura, que influye en la ubicación por motivos de cómo se vive por rasgos culturales y que tiene una historia de prejuicios y discriminaciones, invisibilidad del otro, estereotipos negativos, etcétera. Las luchas contra las desigualdades inherentes a esta jerarquía las llama Fraser “políticas de reconocimiento”, que se refieren a la libertad cultural, la dominación e injusticias culturales. Este es el caso de Guatemala.

Estas dos jerarquizaciones generan movimientos políticos diferentes y respuestas igualmente diversas y aunque algunos sugieren que la segunda jerarquía es puramente secundaria o epifenoménica, y en consecuencia eliminando la primera jerarquía, esta última debería desaparecer. La historia demuestra que esto no es así y que la jerarquía cultural no es reductible a la económica. Y aunque es cierto que por lo general van juntas, hay experiencias en que esto no siempre ocurre así. En la experiencia de la estructura relacional etnocultural en Guatemala, Bastos alerta acerca de lo que llama la “trampa ideológica de la dominación étnica” que explicaría que la pobreza del indígena, su desigual acceso al poder y a los derechos ciudadanos son un resultado de las diferencias raciales y culturales7. ¿Los indígenas son pobres por ser indígenas?

Finalmente, la otra hendidura, la rural ha sido sinónimo de atraso económico y cultural y como espacio de vida limitado. ¿Por qué es tanta la distancia con el sector urbano? Siendo la mayoría de la población maya de ubicación rural y los no indígenas de origen urbano, es útil examinar cómo se estratifica la población a partir de la dicotomía rural/urbano. Los indigentes (estrato bajo extremo) son un 24.9 por ciento rural y un 2.2 por ciento urbano, y los del estrato bajo, un 62.2 por ciento rural un 28.7 por ciento urbano, con lo cual puede comprobarse que los guatemaltecos pobres viven en su mayoría en el medio rural (87 por ciento del total rural está bajo la línea de pobreza). La tendencia se altera y el estrato medio bajo tiene el 43.3 por ciento en el área urbana y solo el 11.7 por ciento en el rural y el Estrato medio el 21.8 viviendo en el medio urbano y apenas el 1.4 por ciento en el rural. Finalmente, el estrato alto, un 4 por ciento, es todo urbano.

Como las líneas étnica y de clase tienen cierto paralelismo, se puede intentar deductivamente la propuesta de que los indígenas son pobres y rurales y que la gente con buena posición social son no indígenas y habitan el mundo urbano. He aquí un buen ejemplo de la ardua elaboración de lo obvio.



Anotaciones
1 Esta bipolaridad no es étnica sino ideológica y se le usa por su fuerza descriptiva y su simplicidad. El trabajo de Isabel Rodas, De Españoles a Ladinos, Cambio social y relaciones de parentesco en el Altiplano central colonial guatemalteco.ICAPI, Guatemala, 2004, afirma claramente que la dicotomía ladino indígena no explica nada, ella tiene que ser explicada, pags.185 y sigs..

2 Se ha preparado un “Índice Compuesto Arriola” con variables de ingreso y consumo, equipamiento, educación y servicios básicos, utilizando datos de la Encuesta de Condiciones de Vida (ENCOV, 2002I). Los cinco estratos construidos constituyen una primera aproximación al tema. Agradezco la colaboración de Gustavo Arriola, cuyo talento e imaginación hacen posible esta propuesta analítica; las conclusiones son responsabilidad del autor.

3 Véase, por ejemplo, el ensayo de Irma Alicia Velásquez Nimatuj, La pequeña burguesía en Quezaltenango, Avancso/Hivos,. Guatemala, 2002

4 En esta categoría se incluyen población negra, asiática y otras.

5 Adams & Bastos, en Las Relaciones étnicas en Guatemala, 1944-2000, CIRMA, Guatemala, 2003, tratan el tema de la etnicidad y las clases, pgs. 410/424.

6 W. Kymlicka, Culturally Responsive Politics, documento preparado para UNHDR 2004, Sepbre, 2003, p. 2-3-

7 S.Bastos y M. Camus, Multiculturalismo y Pueblos Indígenas: reflexiones a partir del caso de Guatemala, trabajo a publicarse en la Revista Centroamericana de Ciencias Sociales, FLACSO-Costa Rica, 2004, p. 10.

Fuente: www.elperiodico.com.gt


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