Revista electrónica de discusión y propuesta social 
Revista · Documentos · Archivo · Blog   Año 2 - 2005

::::albedrío::::

Revista
Editorial
Artículos
Entrevistas
Noticias

linea

Redacción

linea

Enlaces

linea

SiteMap
Contacto


Otros documentos de consulta

De orden internacional
De carácter oficial
Comunicados

 

 

 

¿Soldado, quién te ordenó disparar?
Por Edelberto Torres-Rivas - Guatemala, 31 de julio de 2005

En Plan de Sánchez todo fue como si fuera guerra. La verdad de esta guerra y de cualquier otra guerra, la verdad de todas las guerras es la muerte.

Tú lo conoces y bien sabes que las guerras se parecen. La conoce cualquiera que haya estado en una guerra, pero ésta no fue una guerra. En el fondo esta guerra no fue distinta porque la muerte iguala a todas las guerras y sin embargo, te engañas, porque en verdad (¿hay una verdad sobre la guerra?) ésta no se parece a ninguna otra guerra salvo por la muerte, abundante, variada, silenciosa, excesiva. Con mucha sangre y gritos ¡Muchos alaridos y baladros, pero sin riesgos ni peligros para ti! ¿Qué guerra fue ésta, que te dio la seguridad casi completa... pero con miedo? Un temor profundo, impreciso ¿O un aullido de dolor te produjo miedo?

Sabías que ibas a la guerra, no por el uniforme que llevabas, verde, limpio, exacto, sino porque te entrenaron para matar, para morir, obedecer. Te enseñaron que enfrente, a un lado o atrás, mejor si no lo ves, hay un enemigo que te puede matar. Pero aún antes de llegar bien sabías que en la guerra de Rabinal el enemigo eran mujeres y niños, eran los enemigos que no podían disparar. En Plan de Sánchez se terminaron los temores y se desataron los odios. Bajo el sol, desde que empezó la tarde de ese domingo de mercado, el 18 de julio de 1982, supiste que para matar hay que odiar. Fue por ello que en la casa grande, a la entrada de la aldea, encerraron un montón de gente que no conocías y con miedo y maldiciones los quemaron vivos.

Tu regaste la gasolina, porque el oficial te lo ordenó cuando a su vez él cumplía instrucciones. Viste la pequeña luz del fósforo que prendió fuego a la casa y te diste vuelta. Lo mismo ocurrió en la escuelita, pero con menos gente, que habían sacado a patadas de sus chozas. Pensaste, que ese, era un plan bien trazado, porque según oíste del Jefe de Comisionados, había que ahorrar balas sin desperdiciar muertos ¿Te tocó torturar a los sospechosos que lograron capturar?

Dicen que como en la guerra, a un viejito le cortaron las orejas que luego tuvo que comerse; y que a un muchacho respondón le sacaron los ojos con cuchara. En el bullicio sin pausa de aquella tarde dominguera tus compañeros dispararon sin cesar. El silencio, un instante milagroso, era el minuto molesto y discordante entre aullidos de dolor y falsos cohetes de fiesta con fusil. El sol empezó a ceder. Eran casi las cinco de esa tarde cuando amarradas, a empujones, una jauría enloquecida arrastró una veintena de muchachas menores todas y las violaron muchas veces. A las casadas les llegó su turno, después. Te faltó valor para abrirte la bragueta pero fuiste testigo cómplice de aquellos soldados y patrulleros voluntarios que en la penumbra del día que moría, igual que las adolescentes, las estupraron, las ultrajaron y de inmediato, como en la guerra, las mataron.

Cuando llegó la noche no sabes porque se te anuló el miedo con la angustia y te llenaste de vergüenza. ¿Victoria militar? En toda guerra hay vencedores y héroes, ¡aquí no! Al dejar Plan de Sánchez, camino de Rabinal, te rodeó la soledad y el miedo. Y la vergüenza, porque atrás quedaron 268 cadáveres y la vida rota de numerosos parientes y amigos. No fue esa una acción heroica, oculta en la impunidad. ¿Quién dio la orden, soldado?

En Masacres de Rabinal (pgs. 141/147), el equipo de Antropología Forense consigna que en la masacre participó el Ejército, comisionados militares, patrulleros y civiles denunciantes. Que el 55 por ciento eran personas entre menos de un año y 22 años, y 63 por ciento de sexo femenino. Solo se recuperaron 99 cadáveres, el resto calcinado no pudo ser identificado. Unos meses antes ocurrieron las matanzas de Chichupac y Río Negro, en Rabinal, y al mismo tiempo ocurrían otras en Quiché, Chimaltenango y Huehuetenango.

Fuente: www.elperiodico.com.gt


Copyright © El credito de las contribuciones es única y exclusivamente de los autores. El contenido de las contribuciones no representan necesariamente la opinión de la revista; los autores son responsables directos del mismo.