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¿Inermes?
Por Edelberto Torres-Rivas - Guatemala, 5 de marzo de 2007

¿Atrapados, sin salida?

Son 20 muertos violentamente cada noche, con un promedio de jóvenes de 19 años y un porcentaje creciente de mujeres asesinadas con odio sexual. Una camioneta asaltada y 25 automóviles pierden su dueño diariamente. No hay detenidos. Nadie protesta. Un grupo de gánsters dueños de un importante banco, retiran cuantiosos fondos y avisan a las autoridades monetarias que han quebrado. Casi un millón de cuentahabientes, dueños de más de Q6 mil millones, son así estafados. Los banqueros huyeron, no hay nadie detenido. Cesó la protesta. Es el quinto banco que se hunde. La confianza financiera es grave si se debilita. Todo se junta. Solo el 17 por ciento de jóvenes candidatos a la Universidad de San Carlos aprobaron la prueba de matemática. Es el cuarto año en que se repite el drama. La educación se parece a la tierra que se hunde en el barrio San Antonio en un escalofriante agujero, que es como la réplica física del clima moral que se vive, oscuro, amenazante, sin explicación.

En la campaña electoral se confunde la democracia participativa con las pujas de un día de mercado. ¿Regateos para bajar el valor de la mercancía? Es el colmo, candidatos sin partido que saltan de una a otra opción, tras la mejor oferta. Y partidos sin candidato presidencial, que buscan como marchantes de plaza, en demanda del mercader que los salvará. ¿Y los principios? ¿Y la vergüenza pública? Casi un millón de personas agostan sus vidas en la impotencia y la rabia de invertir tres horas para llegar al trabajo o llevar a los hijos a la escuela y otro tanto para volver. El caos vial, en otros sitios, no tarda sino pocas horas. El Transmetro tardará en mostrar su utilidad. ¿Y mientras tanto?

Hay muy pocas situaciones en la vida social en el que el ciudadano se encuentre tan inerme como ahora, desprovisto de información, recursos o salidas. La rebaja en la disposición del ánimo, la desesperanza generalizada enferma. Frustra, malogra y alimenta fracasos. De cada diez compatriotas en 2006 que sacrificando ahorros y voluntades llegaron al Norte, siete han sido devueltos por la Migra. ¡Hasta huir está dejando de ser alternativa!. Y no se olvide que, según dicen los siquiatras, la frustración produce agresividad, conductas violentas. ¿Más todavía?

Se vive hoy día en Guatemala un momento de extrema tensión sicológica, grave, desorientadora en los distintos niveles en que lo público se manifiesta. Y eso, a pesar de que la sociedad viene siendo abrumada desde hace tiempo por noticias que normalmente solo se viven como excepción. Nos estamos encalleciendo, ahí donde radica la sensibilidad y el orgullo nacional. Acaban de ser asesinados con demencial crueldad tres diputados salvadoreños y su piloto por seis policías encabezados por un oficial jefe de Sección, y dos de ellos condecorados hace un par de años por su eficiencia. Emplearon fósforo blanco para no dejar huella. Causó sorpresa su rápida detención, pero ha sido mayor la de su muerte. Aquí hay una enorme complicidad.

No es imposible imaginar lo que ellos sabían, lo que explica que un grupo de cuatro hombres armados los hayan asesinado en la cárcel especial de El Boquerón, a plena luz del día, atravesando seis candados. El Washington Post calificó el hecho como el colapso del sistema de seguridad del Estado. El FBI vino. El presidente Antonio Saca se quejó ante papá Busch (sic) y una campaña en El Salvador llama a no consumir productos guatemaltecos. Después de Estados Unidos, El Salvador es el mercado comprador más importante, con el 20 por ciento en 2004 del total exportado. Los daños no son morales.

Estamos inermes. Como ciudadanos comunes no entendemos nada de lo que ocurre. El Ministro del Interior ha mentido, probablemente porque tampoco lo sabe. El Director de Policía calla. En todo esto hay una profunda complicidad. Muertes, asaltos, políticos en subasta, repatriados que lo perdieron todo, locura vial, una imagen nacional pisoteada, funcionarios inútiles, jueces que van a ser juzgados, agujeros súbitos y descalificación de la educación, policías criminales, etcétera, etcétera... No ayuda a la salud social estar pesimistas. Así no encontramos la ruta. Pero ahora, absortos, nos llenamos de rabia, Estamos inermes, es cierto, pero ratificando la certeza de que aún tenemos resortes morales e intelectuales para salir, optar, establecer alternativas...

Fuente: www.elperiodico.com.gt - 040307


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