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Indígenas, izquierdas, perdedores, derrotados. Los saldos del 9 de septiembre
Por Edelberto Torres-Rivas - Guatemala, 23 de septiembre de 2007

En política, para que no haya desilusionados, no hay que ilusionarse.

La debilidad de las izquierdas, ratificada por su división insensata, muestra sus vergüenzas desde que la democracia las convocó. Sin motivo, se oyen quejas y se habla de derrotas. ¿No eran esos, décimas más o décimas menos, los resultados esperados? Recordemos las cifras:

En 1995, el FDNG obtuvo 27 mil votos. En 1999, URNG-DIA sacó 270 mil 891 votos (12.36 por ciento) y el FDNG, 8 mil 108 (1.28 por ciento). En 2003, URNG tomó 69 mil 302 votos (2.58 por ciento) y ANN, 132 mil 679 (4.85 por ciento). En 2007, URNG-Maíz obtuvo 103 mil 480 (1.73por ciento), ANN 42 mil 790 (0.71 por ciento) y EG sacó 195 mil 151 (3.26 por ciento)

Las izquierdas tocaron techo con un 13.64 por ciento en 1999; en la siguiente elección, el porcentaje cayó a 7.43 por ciento; y ahora, a un 5.70. ¿Tocaron fondo? Esperemos que sí. Las razones son varias pero digamos dos: la cariocinesis inherente a pequeños grupos ideologizados conduce a la división, el oportunismo y a la confusión ideológica. El candidato presidencial de ANN se alió con personajes de pelaje dudoso; la candidata de EG declaró que no era de izquierda, porque esa es una clasificación ladina (sic). Así, en el reino de la ambigüedad y de las descalificaciones, el simpatizante de izquierda se confunde. Y no vota, vota mal, vota en contra.

¿Hay pérdida o derrota? Razonablemente no se esperaba más, pero creo que tampoco menos.

Anunciado o previsible, el resultado molesta. Esta sexta elección, con casi 25 años de democracia, confirmó que esta es conservadora y que el pueblo guatemalteco es de derecha. De la mano de Gramsci pregunto: ¿la ideología dominante no es la de la clase dominante? Es una masa por de pronto alienada por la debilidad de la izquierda. Por esta incuria de las fuerzas progresistas es que los grupos de derecha pueden jugar a tener seis candidatos de clase alta y dar la sensación de fracturas y enconos internos. Es falso. Cuando las fuerzas de izquierda crezcan y sean encabezadas por un líder joven y carismático, cuando se alcen con un 30 por ciento, o más, se pondrá a prueba la verdad de la vida democrática. ¿Aceptarán una victoria de la izquierda?

La gráfica siguiente muestra, por otra vía, la adscripción ideológica del ciudadano guatemalteco. Es el resultado de una investigación hecha por Dinorah Azpuru, en el proyecto LAPOP 2006, patrocinado por varias universidades norteamericanas. Hay un 5 por ciento claramente de izquierda y un 9 por ciento de centro izquierda, y un 27 por ciento en el centro. El resto, un 45 por ciento, se consideran a sí mismo a la derecha. Los resultados electorales confirman que por lo menos un 58.64 por ciento fueron votos a cinco partidos de derecha.

Hubo una derrota inequívoca. Los resultados de la señora Rigoberta Menchú ¿a quién afecta?, ¿a los indígenas o a la izquierda? Por supuesto, no a los indígenas. Por razones que aún no son bien conocidas, no hubo ninguna manifestación de apoyo o reconocimiento. Ni organizaciones ni dirigentes mayas se jugaron visiblemente. Es razonable distinguir el plano simbólico de la Premio Nobel, por el que se le respeta y reconoce; y el plano electoral, donde hubo serias dudas. Los quejosos y otros confundieron tales niveles. El inopinado documento del padre Ricardo Falla no los confunde porque fue publicado antes de las elecciones. La izquierda recibió dos golpes: uno que obliga al debate público; son los lamentables 100 mil votos que obtuvo, frente a los 200 mil que recibió la Señora Nineth Montenegro. El segundo, que no convoca a nada, es la desaparición de la ANN: dos comandantes muertos de manera natural y otro a quien mató la democracia electoral.

Es importante sacar las lecciones de todo esto. Hay que insistir que el gran desafío para las fuerzas progresistas es la democracia. También para los indígenas de izquierda. ¿Los hay? Hay varias preguntas. Todos, los desilusionados, los quejosos, ladinos, indígenas, mestizos y criollos percudidos deben imaginar que la democracia sin un sólido partido de izquierda no estará completa.

Las elecciones del 9 de septiembre constituyen una victoria de la democracia política, de sus instituciones, de sus partidos, de las esperanzas.

Fuente: www.elperiodico.com.gt


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