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¿Socialdemocracia en Guatemala?
Por Edelberto Torres Rivas - Guatemala, 2 de diciembre de 2007

Los periodistas del exterior lo dijeron más y mejor: la victoria de la UNE y de su candidato ratifica, una vez más, el movimiento de la política latinoamericana hacia la izquierda.

¿Por qué no lo vieron así los analistas políticos de uno y otro lado? La cancha estuvo bien trazada.

Mientras Colom se identificaba como socialdemócrata, Pérez Molina declaró que era de derecha y su vicepresidente exhibía su matiz racista. El programa de la UNE, el más elaborado de esta campaña, nunca fue comparado con el del Patriota: este, en clave neoliberal, es un programa empresarial; aquel juega con ofertas sociales y populares. Un tercer dato, el gabinete cuenta ya con varias personalidades que vienen del PSD, que encabezó Mario Solórzano. Si los lentes están limpios y no se padece de daltonismo, esta es una derrota de las derechas y rebus sic stantibus, un triunfo de la izquierda.

Las izquierdas guatemaltecas no pueden ignorar tales datos visibles, que ya algunos de la derecha advirtieron. La estrategia es la misma, empiezan anticipando problemas, dudando de resultados.

Que Colom pretenda una opción progresista no les gusta; la izquierda por dogmatismo, la derecha por ideologismo. El dogmatismo es un esquema mental que se desconecta de la realidad por exceso de doctrina; el ideologismo, porque el esquema mental pone de cabeza la realidad por exceso de prejuicios. ¿No sería políticamente correcto esperar unos meses, otorgarle no el beneficio de la duda sino de la confianza? ¿Por qué no pensar en el país?

Guatemala ya experimentó cinco gobiernos de derecha. La DC tenía un programa que no pudo cumplir por ser el primer Gobierno de la transición; Arzú cumplió con alcanzar la paz y después aplicó una política empresarial que desarticuló al Estado y lo debilitó. Fue congruentemente un práctico neoliberal. A Jorge Serrano se le recordará porque puso a prueba la institucionalidad democrática, y al perder él, ganó esta. A Alfonso Portillo habrá que juzgarlo objetivamente sobre por qué fracasó en todo, por qué no fue nada. Un batracio que parecía de izquierda bajo de agua y de derecha sobre la tierra. Y Óscar Berger, respaldado de votos, cargado de empresarios, pudo ser la expresión de una derecha moderna y reformadora, pero la magnitud de sus proyectos lo paralizó. Ni siquiera dejará terminado el aeropuerto.

¿No podrá Colom hacer una política innovadora, efectiva, limpia? ¿No puede abrirse una opción de izquierda en Guatemala? Las respuestas no sirven para condenarlo antes de tiempo. El país tiene derecho a esa opción, por tímida, virginal, párvula que ella sea. Imaginemos un Gobierno que se proponga combatir el hambre, lo que los neoliberales no hicieron; que duplique el gasto en salud y educación, resuelva los conflictos agrarios más urgentes; con ayuda de la CICIG meta a la cárcel a Montaña 3 y a sus cuatro ayudantes y empiece a dar seguridad a los pobres, pues los ricos ya la tienen. Son tantos y tan graves los problemas de esta sociedad que, ¿no es imposible imaginar este mínimo para una sociedad con un atraso tan profundo?

No nos confundamos, no somos de la UNE, y estamos convencidos de que no es un partido socialista. Coincidimos en que no se puede esperar mucho, y que hay que estar en vigilia para defender las aspiraciones populares. No hay que dejar de hacer lo que las convicciones nos dictan.

Pero demos a Colom la oportunidad que se ganó derrotando al “partido del orden”. ¿Por qué no pensar con simpatía si promueve una política progresista? Las izquierdas no pierden nada, pues ya casi no tienen qué perder. Álvaro Colom puede empezar con un giro progresista, moderno, reformador, popular; y si lo hace, ¡hay que apoyarlo!

¿Por qué no se callan los que ya empezaron su “cizañado” descrédito por el lado de la derecha? No piensan en la nación, sino en su grupo. Ojalá alguien los mandara a callar.

Fuente: www.elperiodico.com.gt


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