Revista electrónica de discusión y propuesta social 
Revista · Documentos · Archivo · Blog   Año 1 - 2004

::::albedrío::::

Revista
Editorial
Artículos
Entrevistas
Noticias

linea

Redacción

linea

Enlaces

linea

SiteMap
Contacto


Otros documentos de consulta

De orden internacional
De carácter oficial
Comunicados

 

 

 

Maquilas coreanas
Por Eduardo Villatoro - Guatemala, 17 de enero de 2005

Con alguna periodicidad, analistas económicos y financieros o simplemente columnistas paladines de la economía irrestricta de mercado, aparentemente se angustian porque empresarios extranjeros, especialmente de Corea del Sur, amenazan con emigrar hacia otros países centroamericanos, ante la falta de seguridad jurídica en Guatemala.

Suelen aseverar que el capital extranjero prefiere invertir en Nicaragua, Honduras, El Salvador u otra nación centro y latinoamericana, porque no confían en la legislación guatemalteca, mientras que los otros países del área disfrutan de privilegios fiscales y de otra clase de protecciones.

A la vez, precisan que Guatemala requiere de inversiones de capital mediante la instalación o expansión de industrias, para la creación de puestos de trabajo, de manera que la inyección de capitales extranjeros repercute no sólo a favor de la economía nacional, sino también en provecho de la clase trabajadora tan necesitada de laborar y de percibir salarios.

Por supuesto que es una verdad incuestionable el argumento aludido en el párrafo precedente; pero se obvia en advertir que los inversionistas también están obligados a cumplir con las débiles normas laborales, dizque tutelares de los trabajadores.

Esta dicotomía me recuerda una anécdota de relevancia histórica que se atribuye al malogrado presidente panameño Omar Torrijos, padre del actual mandatario del mismo país, cuando se iniciaron las negociaciones con el gobierno de Estados Unidos, presidido por el demócrata Jimmy Carter, a fin de que el Canal de Panamá pasara a plena jurisdicción de esa república mesoamericana.

Previamente debo recordarles que Panamá logró su independencia de Colombia, porque era una provincia de ese país septentrional de América del Sur, en 1903, sin que los panameños se hubiesen rebelado y armado una revolución libertadora, sino obtuvieron su relativa autonomía como consecuencia de la presión norteamericana, en vista de que los gobiernos colombianos se mostraban renuentes a autorizarle a Estados Unidos la construcción de un canal transoceánico, aunque finalmente accedieron en 1902, pero no se arribó a un acuerdo por las extremadamente leoninas condiciones que Washington intentaba imponer.

Al año siguiente, con la firma del tratado Hay-Bunau-Varilla, Panamá se separa de Colombia, y Estados Unidos establece el control de la Zona del Canal durante un siglo y garantiza su derecho de intervención militar en todo el territorio panameño.

Pasado el tiempo, décadas más tarde, el general Omar Torrijos, quien ahora sería calificado de populista, asumió al poder y reclamó en 1977 la recuperación de la soberanía de Panamá en la Zona del Canal, que se convirtió en realidad en 1999.

Pues bien, previo a la suscripción del acuerdo Torrijos-Carter, el progresista político y militar panameño, al rebatirle al presidente norteamericano sus argumentos acerca de la supuesta desinteresada intervención de su país para que Panamá alcanzara su independencia de Colombia, simplemente le replicó: Quien salva a una mujer de morir ahogada, no tiene el derecho de violarla.
Justamente esta expresión aleccionadora se le podría aplicar a las maquilas coreanas.

Son bienvenidas sus inversiones, se acepta favorablemente la instalación de sus plantas maquiladoras y se reconoce su participación en la creación de empleos; pero esto no les da ningún derecho de mancillar a los trabajadores.

Alrededor del 80 por ciento de quienes trabajan en maquilas de capital coreano está integrado por mujeres, las que son víctimas de abusos, agresiones verbales, intimidaciones, acosos sexuales, explotación laboral, según lo reafirma La Hora del pasado martes, al informar de la visita a Guatemala del secretario general de la Federación Internacional de Trabajadores de la Industrial Textil, Vestuario y Cuero, el irlandés Neil Kearney.

Los hombres que laboran en esas empresas maquiladoras también son víctimas de maltrato físico, humillaciones, bajos salarios, amenazas de perder el empleo y prohibición de agruparse sindicalmente, todo lo cual significa clara violación a las flexibles leyes laborales guatemaltecas.

Quizá la visita del mencionado dirigente sindical internacional pueda contribuir a que se respeten los derechos y la dignidad de los guatemaltecos y las guatemaltecas que trabajan en las maquilas coreanas, en tanto persisten la pasividad, la indiferencia, la tolerancia, cuando no la complicidad de las autoridades laborales guatemaltecas.

(Un dirigente sindical le comentó a Romualdo: Los maquileros coreanos y los orientales en general, tienen la cara así, porque sospechan de todo y de todos).

Fuente: www.lahora.com.gt


Copyright © El credito de las contribuciones es única y exclusivamente de los autores. El contenido de las contribuciones no representan necesariamente la opinión de la revista; los autores son responsables directos del mismo.