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Variaciones sobre un mismo tema
Por Eduardo Villatoro - Guatemala, 28 de julio de 2005

El sábado anterior, el colega columnista Marco Vinicio Mejía, quien suele ser equilibrado en sus juicios al enfocar aspectos políticos del ámbito nacional, publicó un ponderado comentario referente a la orden de captura enderezada contra el ex presidente Alfonso Portillo; y aunque por razones obvias no repito los conceptos vertidos, cito resumidamente lo que el articulista rememora del conflicto que sostuvo el ex gobernante con el gran capital, al haber liberado los mercados cautivos de la cerveza, los pollos, los lácteos, la harina, el cemento y los fertilizantes.

Marco Vinicio abunda en argumentos y ejemplos, y precisa que en su contienda contra los más poderosos empresarios del país, Portillo cometió el error de no convocar a las fuerzas sociales que lo condujeron a la Presidencia de la República mediante su apoyo en las urnas, dando a entender, o por lo menos así lo intuyo; yo al leer entre líneas, que la persecución emprendida contra Portillo en los terrenos judiciales, estaría contaminada con subyacente dosis de la secuela de aquella confrontación.

No puede negarse que el ex mandatario se enfrentó a la oligarquía y a todo el espectro político de la mayoritaria derecha conservadora; sin embargo, pienso que Marco Vinicio se equivoca al indicar que no buscó el apoyo de los sectores a los que alude, puesto que sí lo intentó; pero no pudo encontrar ese respaldo por múltiples razones, como haber permanecido supeditado a los dictados del veterano caudillo del FRG, señalado de genocida precisamente por reivindicatorias fuerzas de esas mismas corrientes populares, además de su insultante estilo de vida con respecto a sus modestos orígenes y su hiperbólico discurso falsamente a favor de las clases desposeídas; su complicidad con cúpulas militares venales e inescrupulosas; su inicial complacencia que se tornó en descarado encubrimiento, porque le convenía, de las acciones calificadas públicamente de ilícitas de parte de amigos suyos y estrechos colaboradores, como su secretario privado, Julio Girón, que se enriquecieron a costas del Estado.

No es un secreto que Portillo llegó al poder sostenido por heterogénea y amplia base social popular y con el tácito o expreso apoyo de grupos políticos ajenos al FRG, mediáticos y académicos que cifraron leves o firmes esperanzas de que limitaría las prerrogativas de las todopoderosa oligarquía dominante, por el bien del país, y que, a la vez, encaminaría al Estado hacia la búsqueda del bienestar de los menos favorecidos, estableciendo mecanismos que permitieran sentar los pilares de una sociedad menos injusta y desigual; pero, eso sí, privilegiando una administración eficiente, eficaz y sobre todo honrada, austera y transparente en el gasto público.

Es evidente que para infortunio de los guatemaltecos, no ocurrió de esa manera.

El candidato presidencial de 1999, que emanó de las urnas con las mejores expectativas del momento, se convirtió en el presidente de la República más corrupto e irresponsable en toda la historia del país; a la vez que burló los sentimientos y la confianza de cientos de miles de guatemaltecos que fueron vilmente burlados por un hombre que posiblemente ni siquiera será procesado penalmente, pese a los esfuerzos que puedan hacerse para extraditarlo de México.

Sin embargo, lo peor para él, si es que aún le quedan vestigios de vergüenza, será que toda su vida le perseguirá el reproche de quienes creyeron que podría encauzar los destinos del país hacia una colectividad más equitativa y democrática, y lo acechará la recriminación, si no es que la maldición, de las clases más vulnerables que perdieron valiosa y acaso única oportunidad en estos tiempos de mejorar sus condiciones de vida, pero que fueron engañadas por la fluida retórica y la conducta delictuosa de ese político de nombre Alfonso Portillo.

La ignominia será su sombra y el estigma su compañero.

Fuente: www.lahora.com.gt - 230705


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