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Retórica pregunta al presidente Berger
Por Eduardo Villatoro - Guatemala, 23 de septiembre de 2005

Sólo es un titular, porque el gobernante carece de tiempo para leer periódicos

Probablemente sólo los más radicales adversarios políticos de cualquier gobierno desean que fracasen los propósitos que se imponen las autoridades del Estado, sobre todo cuando inician su corto período de cuatro años.

Cuando el presidente Óscar Berger asumió el poder, la mayoría de los guatemaltecos, incluso quienes no votaron por él, tenían la expectativa de que se iniciaría una nueva época para Guatemala, al poner en marcha sus desconocidos planes de trabajo, y aunque a pocos albergó la falsa esperanza de que su objetivo principal sería velar por los intereses populares, en vista de sus evidentes nexos y compromisos con la élite del sector empresarial más conservador, tampoco se llegó a considerar que abandonaría tan despreciativamente a las clases sociales más vulnerables, que requieren de la protección o por lo menos la supervisión del Estado subsidiario.

Al margen del incremento de las acciones del crimen organizado y la delincuencia común, especialmente de las pandillas juveniles, de lo que tanto se ha comentado infructuosamente, a los pocos días de que los pequeños partidos que conformaron la GANA asumieron el poder político, con el presidente Berger a la cabeza, se dispararon los precios de la canasta básica y de otras decenas de productos que si ciertamente no son indispensables para sobrevivir, en lo que respecta a los grupos más desposeídos, sí son importantes para aspirar a una vida relativamente decorosa de las clases medias.

A sabiendas de que contaban con el tácito o expreso resguardo de las nuevas autoridades gubernamentales, productores e intermediarios no tuvieron impedimento alguno para aumentar los precios de bienes y servicios, mientras los salarios permanecían estáticos, de suerte que las empobrecidas familias de los trabajadores urbanos y rurales tuvieron que restringir aún más satisfactores elementales.

A la política (¿?) económica del gobierno dirigida únicamente a favorecer a la cúpula empresarial, como apropiadamente la llamó el satanizado ex vicepresidente Francisco Reyes López (cuyo corrupto gobierno tampoco se distinguió por adoptar decisiones firmes a favor de la clase asalariada), perjudicando grosera e insolentemente a los más necesitados, en el mercado internacional se registró el alza desmedida de los precios del petróleo, cuya crisis, iniciada con la absurda invasión norteamericana a Irak, se agudizó por los estragos del huracán Katrina en el sur de Estados Unidos, lo que ha provocado otra ola de encarecimiento en la ya de por sí deteriorada vida de los guatemaltecos, alcanzando sin recato y directamente a la amorfa, indiferente y, perdonen el atropello semántico, la desclasada clase media, sin que se observen signos de reacción del gobierno para enfrentar el grave problema, porque todavía no ha tocado los sagrados bolsillos de quienes detentan el poder económico, aunque éstos posiblemente jamás saldrán perjudicados toda vez que cuentan con la ventaja perversamente legalizada de trasladar sus costos a los consumidores.

La Central General de Trabajadores de Guatemala (CGTG) ha sido precisa en señalar las deplorables condiciones salariales de obreros y campesinos, tomando en consideración que el salario mínimo es de Q1,158 mensuales, cantidad que no alcanza ni siquiera para comer, puesto que según el estatal Instituto Nacional de Estadística, la canasta básica de alimentos cuesta Q1,449.67, en tanto que la canasta básica vital (que a los alimentos se le suma educación, salud, vivienda, recreación) es de Q2,645.39, o sea una diferencia negativa de Q1,487.39 respecto al salario mínimo, siempre y cuando todos los patronos cumplieran con esa norma, en vista de que, por ejemplo, en el área rural abundan terratenientes que bajo la cobija empresarial que sustituyó incumplidos salarios mínimos por el pomposamente llamado salario por productividad, y en el marco de sus reglas por ellos mismos impuestas, no se tientan el alma para pagar entre Q3 y Q5 por cuerda trabajada, o sea que pagan un salario que oscila entre Q9 y Q15 diarios.

Aunque dudo que llegue a leer estas notas, le pregunto: Presidente Berger, basado en su afamada honradez y gentileza, ¿honestamente cree usted que es justo, humano y lícito que un campesino devengue ese miserable salario, trabajando bajo las inclemencias del tiempo, mal alimentado, sin servicios básicos en su rancho, sin escuelas para sus hijos, sin medicinas para su familia?

Como seguramente usted no se dará por enterado, la respuesta estará en la punta de la lengua de otros altos funcionarios y de dirigentes empresariales: "Las condiciones en estos momentos no son las más favorables para un aumento de salario, porque eso provocaría más inflación" ¿Cuántas veces hemos escuchado esa respuesta a las tímidas exigencias de la clase trabajadora?

Y las seguiremos oyendo pacientemente porque obreros, campesinos desempleados y precaristas no logran organizarse debidamente, pese a los esfuerzos de centrales sindicales como la CGTG. ¡Cómo lo siento, Pepe Pinzón!

(El jornalero Antonio Romualdo de Sandoval Sinibaldi y Urrutia-Coyoy escuchó al presidente de un país centroamericano que no es Guatemala, alzar la voz en la inauguración de un salón comunal, frente a menesterosos aldeanos, para asegurarles: Con las medidas tomadas por mi gobierno ustedes ya no viven en extrema pobreza, ahora sólo son pobres).

Fuente: www.lahora.com.gt - 220905


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