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Tras corneados, apaleados
Por Eduardo Villatoro - Guatemala, 22 de octubre de 2005

Aumentan exageradamente el precio del gas y alteran el peso de los cilindros

En reciente artículo que publiqué y de cuya fecha no me acuerdo ni tengo ánimos de buscar en mi archivo, afirmaba que tan sólo dos o tres semanas después de que asumió el poder el presidente Berger, aumentaron de precio numerosos productos de consumo general, aparte de los artículos de la canasta básica, como que si los productores e intermediarios se sintieran seguros de contar con la protección del nuevo régimen.

Ahora, tras los desastres provocados en la agricultura, la infraestructura y otras áreas importantes del país por la tormenta tropical Stan, los precios se dispararon sin control alguno, aunque después del desmedido incremento causado por especuladores y acaparadores, aparecieron en los medios funcionarios del gobierno central con advertencias acerca de las sanciones que se aplicarían a los responsables de tales excesos.

Como si la complaciente actitud gubernamental y las secuelas del Stan no fueran lo suficientemente graves para la empobrecida economía de los guatemaltecos, especialmente de las clases populares que se debaten entre la miseria y la indiferencia estatal, previamente otros acontecimientos en el ámbito mundial ocasionaron el alza del precio del petróleo y subsiguientemente en los valores de la gasolina, el gas propano y otros productos derivados del crudo.

Sin embargo, la siniestra cadena no se detiene ahí. Sabido es que algunos propietarios de gasolineras no sólo aumentaron más allá de lo razonable y lícito el precio de los combustibles que expenden, sino que agregaban a la gasolina otros elementos perniciosos para los motores de los vehículos, sin que se tenga conocimiento hasta la fecha si esos empresarios inescrupulosos fueron sancionados.

Debo advertir, sin embargo, que este campo, como en casi todos los ámbitos de la actividad humana, debe evitarse la generalización, porque yo soy testigo de la honorabilidad de varios empresarios de este ramo, cuyos nombres podría mencionar si fuese necesario.

Pero para abordar el tema de otros derivados del petróleo, también los precios del gas licuado se incrementaron, igualmente en forma desproporcionada, llegando en algunos casos hasta más allá del 50 %. A ese aumento hay que agregar, infortunadamente, la deshonestidad de las empresas mexicanas importadoras de ese combustible, porque el peso de los cilindros no es el correcto.

El dueño de una modesta empresa distribuidora de gas a domicilio, me revelaba hace un par de días, cuando trajo un cilindro a la casa donde vivo, que a menudo sus clientes se quejan de que los tambos no contienen la cantidad exacta al precio que se paga por ellos, pues suelen faltarle de cinco a seis libras, lo que constituye una múltiple y continuada estafa a los consumidores.

Por si lo anterior fuera poco, las empresas mexicanas que importan el gas licuado aseguran que los envases les pertenecen, pero cuando se detectan fallos que a veces provocan serios accidentes hasta con saldos trágicos, entonces esos empresarios extranjeros indican que corresponde a los consumidores el mantenimiento de los cilindros.

A una pregunta mía, el distribuidor a domicilio señaló que es casi imposible que el Ministerio de Energía y Minas pueda controlar los precios y los pesos de los envases de gas, porque siempre hay más de un inspector u otro burócrata de esa institución que pone sobre aviso a las empresas mexicanas acerca de el día y la hora en que llegará personal de la cartera ministerial mencionada a realizar supervisiones.

Por supuesto, esa fuga de información es recompensada conveniente e ilícitamente, mientras los consumidores resultan tras corneados, apaleados, como dice el refrán. ¿Y la DIACO? En condiciones precarias, sin suficiente personal y con poco presupuesto, es decir, lo suficientemente débil para no poder evitar los abusos contra consumidores y usuarios.

(Romualdo Stan Stein, medio a tusa el pasado jueves, después de gritar ¡Viva Arévalo! ¡Viva Árbenz! ¡Viva la Revolución de Octubre!, se le va la soca a la droga cuando lee asombrado este letrero en cierta cadena de tiendas de calzado de una empresa mexicana: Gran rebaja en la venta de zapatos, aproveche, compre uno y el otro se lo lleva gratis).

Fuente: www.lahora.com.gt -


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