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Declinación del poder del Ejército
Por Eduardo Villatoro - Guatemala, 8 de diciembre de 2005

Durante lo que va del actual régimen, no ha ocurrido una cohabitación convencional con el Ejército, contra lo que se pudiera haber presumido, en vista de los antecedentes de clase del presidente Óscar Berger; sino que, al contrario, el gobierno de la Gana prácticamente ha arrinconado a la institución armada.

Eso es lo que interpreto al leer el primer párrafo de un análisis que en torno a la situación del Ejército durante los últimos gobiernos y los primeros 22 meses de la administración actual, recibí en mi buzón electrónico, enviado por la Fundación de Derechos Económicos, Sociales y Culturales para América Latina (DESC), correspondiente a diciembre de este año, que titula El Ejército en la época Berger.

Después de señalar que los gastos secretos militares del último tramo del gobierno del presidente Alfonso Portillo que se filtraron a la prensa, devinieron en un escándalo mayúsculo, indica que los gestos de menosprecio del gobierno del nuevo gobierno de corte empresarial hacia la oficialidad, se repitieron constantemente, hasta llegar al abrupto despido del ministro de la Defensa, Carlos Aldana, en noviembre pasado.

Es notable la voluntad del régimen empresarial de desplazar al Ejército del control de los circuitos de seguridad -agrega el informe-, porque el grupo de empresarios que ostenta el poder con el presidente Berger, cree necesario y factible asumir directamente la administración de los aparatos de seguridad, para ampliar sus dominios en el Estado, lo que podría suceder mediante la eliminación del Ejército y la creación de una Guardia Nacional, como lo sugiere el Pentágono

Trae a cuenta el documento que los Acuerdos de Paz subrayaron la necesidad de reducir el poder al Ejército y que el poder civil estableciera una racionalidad acorde al régimen democrático en tiempos de paz, y, en esta tónica, el presidente Álvaro Arzú pareció encaminarse hacia esos objetivos, al desmantelar algunas bases militares y disminuir la injerencia castrense en asuntos políticos, y pese a que mantuvo intacto el coto de impunidad militar por los crímenes de guerra, golpeó parcialmente al aparato paralelo asociado al Ejército en operaciones de contrabando y otras actividades delictivas, ergo, la Red Moreno.

Pero sólo fueron golpes de mano que favorecieron a una fracción militar, porque el aparato de la investigación penal y los tribunales siguieron siendo el terreno de disputa no oficial de los grupos de poder criminal, que “mediante chanchullos, chantajes y sobornos seguían dirimiendo sus diferencias” favorecieron a otras fracciones del Ejército, de manera que el estado de Derecho se convirtió en un “eunuco”.

Ese aparato de sabotaje de la investigación penal fue conocido como “La Oficinita” (que se ha reactivado), centro nervioso integrado por militares, abogados y asesores de los viejos escuadrones de la muerte. Tuvo su auge con el general Marco Tulio Espinosa, ministro de la Defensa del presidente Arzú.

Sin embargo -advierte el análisis de la DESC-, el movimiento en falso más notorio del Ejecutivo consistió en la reforma de la Policía Nacional Civil, a donde fueron a parar oficiales de baja del Ejército con el grado de comisarios, cuando Rodolfo Mendoza era el ministro de Gobernación, en 1997; mas los militares vestidos de policías no supieron darle identidad y misión propia a los nuevos agentes de la PNC.

Para mientras, en 1998, caminaban dos iniciativas de recuperación de la verdad de los aciagos hechos de la guerra civil. Por una parte, la Iglesia Católica, por medio del REHMI, que dirigía el obispo Juan Gerardi, y por la otra, la oficial, bajo la dirección del experto alemán Christian Tomuschat. En abril de ese año “una operación militar conjunta, que involucró al mando militar, al EMP, especialistas y oficiales de baja, cobró la vida del obispo Gerardi, como una señal de lo que los mandos castrenses estaban dispuestos a tolerar en materia de escrutinio del pasado y juzgamiento de los crímenes de guerra”.

Precisa el informe que el asesinato de Gerardi paralizó al gobierno del presidente Arzú, “ya sea por chantaje familiar” u otro motivo, y su impotencia para esclarecerlo se tradujo en encubrimiento activo, al extremo de que contrató a dos periodistas extranjeros, para expiar sus responsabilidades en un libro publicado en 2003.

Con el arribo al poder del FRG en 2000, el sector militar que miraba hacia el pasado se sintió más fortalecido, pero ocurrieron acontecimientos contradictorios que enredaron el libreto, especialmente porque el ahora diputado Otto Pérez, cercano al grupo empresarial Gutiérrez/Bosch, no fue nombrado Ministro de la Defensa, como se lo había prometido el presidente Portillo antes de asumir el cargo. Paralelamente, la SAE salió del control militar, cuando el mayor Byron Barrientos fue descartado para dirigirla, y se creó la SAAS, con el objeto de sustituir al poderoso Estado Mayor Presidencial.

El presidente Portillo, empero, se apoyó en ex oficiales de la catadura de Jacobo Salán y Napoleón Rojas, “quienes irradiaron un poder que llegó a perturbar la institucionalidad militar”, al mismo tiempo que las ex PAC, con el respaldo del FRG y de militares, reivindicaron su resarcimiento.

Señala el documento de la DESC que no obstante lo señalado, el Ejército no salió más fortalecido durante el gobierno del presidente Portillo, en cuyo período sobresalió la condena de los militares Lima, por el caso Gerardi, y se dieron a conocer casos de corrupción e injerencia de ex oficiales en ascensos y mandos de la institución, en tanto que varias reformas emprendidas al interior del Ejército y su negativa a involucrarse en movimientos desestabilizadores contra el gobierno del FRG, pasaron inadvertidos. “El Ejército se quedó sin líderes y los civiles tampoco aportaron a vislumbrar su misión en el escenario de la posguerra” subraya el análisis.

En la próxima entrega, si la hubiere, intentaré resumir el análisis sobre cómo encontró al Ejército el presidente Berger y la situación actual, según la DESC.

(La madre del soldado Romualdo Pérez le recomienda a su marido, que está por redactar una carta al hijo de ambos, destacado en Ixcán: Escribile bien despacito, porque acordate que el patojo no sabe leer de corrido).

Fuente: www.lahora.com.gt -


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