Revista electrónica de discusión y propuesta social 
Revista · Documentos · Archivo · Blog   Año 9 - 2013

::::albedrío::::

Revista
Editorial
Artículos
Entrevistas
Noticias

linea

Redacción

linea

Enlaces

linea

SiteMap
Contacto


Otros documentos de consulta

De orden internacional
De carácter oficial
Comunicados

 

 

 

Indignante crimen y sórdida conducta de Sinibaldi
Por Eduardo Villatoro - Guatemala, 18 de junio de 2013

Aunque la conciencia colectiva de los guatemaltecos se ha endurecido, derivado de los crímenes que se comentan cotidianamente, incluyendo masacres de tres o más miembros de una familia, o de un grupo de vecinos de cualquier comunidad, el asesinato de ocho agentes de la Policía Nacional Civil ha conmovido a numerosos compatriotas, en vista de las circunstancias como ocurrieron los funestos hechos.

Cuando me enteré del terrible suceso no pensé que como las víctimas eran miembros de la PNC, podrían haber estado coludidos con superiores jerárquicos corruptos, como a menudo se revela en los medios de comunicación, sino que me embargó una mezcla de indignación, tristeza, y hasta vergüenza en mi calidad de guatemalteco y de ser humano, a la vez que pronuncié una gruesa imprecación hacia los cobardes autores de ese execrable delito.

A causa de que agentes policiales han sido acusados de convertirse en integrantes de bandas de delincuentes, o porque valiéndose de su condición de guardianes del orden público infringen la Ley, nos olvidamos que es inconveniente e injusto generalizar, porque no todos los policías son corruptos ni sanguinarios criminales, al margen de los bajos salarios que devengan y que son ostensibles las limitaciones como se desempeñan, en el sentido de que no cuentan con armas del calibre que utilizan las pandillas de forajidos, y que su estancia es precaria en el interior de las comisarías.

Hay mucho más que argumentar al respecto, pero en este caso particular la masacre cobra dimensiones más oprobiosas, porque los agentes que estaban asignados en Salcajá, al momento de acontecer el repudiable crimen masivo disfrutaban de un breve descanso y estaban desarmados, es decir, indefensos, inermes e incapaces de repeler el ataque.

Por aparte, me enardece el exabrupto, la insolencia y la estulticia que podría atribuirse al ministro de Comunicaciones, sí, ese mismo político de la mueca sonriente que inundó con su rostro de niño bueno las arterias de la ciudad capital durante la pasada campaña electoral, de nombre Alejandro Sinibaldi, quien ayer envió el siguiente despreciable mensaje en su cuenta de Twitter: “Lo sucedido a los agentes de PNC es lamentable, pero no podemos olvidar que es 1 día importante para nuestra selección, son temas diferentes” (sic).

Al dolor de los deudos de los agentes ultimados se agrega la basura cerebral de un ambicioso político al expresarse de esa forma perversa y deshumanizada, que no se detuvo a pensar en el sufrimiento de las viudas y huérfanos de los policías asesinados, en su desorbitado afán de figurar como uno de los más fervientes admiradores de la llamada selección nacional de fútbol, porque presumo que en medio de su estolidez habría creído que su mensaje provocaría la adhesión de los fanáticos al balompié, aunque ayer mismo negó ser personalmente el autor del texto, inculpando de esa vileza a un anónimo miembro de su equipo de apoyo que tiene acceso a su cuenta de Twitter.

Al lamentar “ese error de redacción”, el funcionario admite implícitamente su responsabilidad y su menosprecio al asesinato de sencillos policías, lo que no puede tomarse como una simple “equivocación”.

(Airadamente, Romualdo Tishudo enfatiza que lo menos que puede hacer el Presidente es destituir al sórdido ministro Sinibaldi).

Fuente: www.lahora.com.gt


Copyright © El credito de las contribuciones es única y exclusivamente de los autores. El contenido de las contribuciones no representan necesariamente la opinión de la revista; los autores son responsables directos del mismo.