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Ernesto Capuano Del Vecchio
Por Eduardo Velásquez - Guatemala, 28 de marzo de 2007

Un ángel de la guarda de los migrantes internacionales.

Nacido en Xelajú, el 20 de noviembre de 1914; Capuanito se encuentra temporalmente entre nosotros, en una visita de diez días acompañado del ex decano de la Facultad de Arquitectura de la Universidad de San Carlos de Guatemala, Gilberto Castañeda Sandoval; ambos residentes en México. Fueron sus padres José Capuano Conde y Emanuela del Vecchio. Tuvo tres hermanos: Dante, Carlos y Ernestina; ya todos fallecidos. Fue educado en el Colegio Minerva de la Ciudad de la estrella –como denominara a Quetzaltenango el poeta colombiano Porfirio Barba Jacob– cuya directora fuera la insigne educadora María Teresa Benett de Rolz y fue su maestra de primeras letras, junto a Jacobo Arbenz Guzmán, la señora Martha Florencia Samayoa de Carrera, abuela materna de quien escribe. Se graduó de Bachiller en Ciencias y Letras en el famoso Instituto Nacional de Varones de Occidente (INVO) y migró hacia la capital de la república para continuar sus estudios universitarios en la Facultad de Ciencias Jurídicas y Sociales, cuando esta se ubicaba en las actuales instalaciones del Museo Universitario (Musac). Eran los tiempos de la dictadura ubiquista y tuvo que expatriarse en México, por primera vez.

La vez primera que oí su nombre fue de la boca de José Fernando Velásquez Carrera, mi hermano mayor ya fallecido. Durante los años de su estudio en la Facultad de Derecho en la Universidad Nacional Autónoma de México en donde recibiera el Doctorado en Derecho Internacional, Fernando supo de las innumerables acciones de bondad que este abogado y notario quezalteco hiciera a favor de miles de inmigrantes españoles –en tiempos de la emigración republicana– y latinoamericanos –en los diversos tiempos de las indecibles dictaduras– en México y que se extendiera a cientos de centroamericanos y guatemaltecos que llegaban emigrados o expatriados al país hermano. Otro querido amigo, Francisco Rodas Maltez me confirmó tales ejecutorias. Así que Ernesto se preocupó de ayudar en sus trámites migratorios ante las autoridades mexicanas a todos aquellos hermanos españoles y latinoamericanos que llegaban desamparados a México y que necesitaban regularizar su situación para trabajar o estudiar en el país de Benito Juárez. Todo ello sin cobrar un “solo centavo”. Un ángel de la guarda de los migrantes internacionales, como se diría hoy y de los exiliados de siempre.

Con la llegada de la primavera democrática de Guatemala, Ernesto funge como asesor del Banco Nacional Agrario y en 1951 contrae nupcias con la dama mexicana Carmen García Zepeda de Capuano, con quien comparte su vida, que llega ya a la altura de los 93 años. Con la intervención norteamericana de 1954 se exilia nuevamente en México en donde vive hasta la actualidad.

Esperamos en breve que Ernesto pueda incorporarse a la vida universitaria en Guatemala en donde esperamos pueda escribir sus memorias y que el Consejo Superior Universitario conozca el expediente para otorgarle el Doctorado Honoris Causa que la Universidad de San Carlos de Guatemala solo otorga a ciudadanos con tales virtudes académicas y humanísticas.

Fuente: www.elperiodico.com.gt


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