Capuano del Vecchio descansa en Xela
Por Eduardo Antonio Velásquez Carrera - Guatemala, 26 de noviembre de 2008
El pasado viernes 21 de noviembre fueron inhumados en el cementerio de la ciudad de Quetzaltenango los restos mortales de quien en vida fuera don Ernesto Capuano del Vecchio.
Una delegación de guatemaltecos residentes en México, encabezados por la señora Irma Checa, ahijada de “Neto”, trajeron desde el Distrito Federal la urna con las cenizas del quezalteco revolucionario.
“Neto” regresa finalmente del exilio, desafortunadamente muerto. Hijo de inmigrantes italianos, nació y creció en Quetzaltenango. Sus padres, dueños de fincas productoras de café, en la boca costa quetzalteca y de Retalhuleu. “Neto” vino a mi memoria cuando empezábamos a subir, desde San Felipe, Retalhuleu, hacia Quetzaltenango, en la madrugada de ese espléndido viernes que nos deja ver con claridad al volcán Santa María. No olvido su relato, cuando en el año 2001, estuvo con nosotros en el marco del XXIII Congreso Latinoamericano de Sociología.
Como un niño alegre nos relató su reencuentro con la boca costa de su tierra, y con las viejas fincas cafetaleras de sus padres, en donde fue feliz e infeliz por su contexto social tan fecundo y agrio. Contemporáneo y amigo de Jacobo Arbenz Guzmán, se desarrolló en el hábito de la lectura, estudiando desde niño y alcanzando los estudios universitarios en medio de la dictadura del general Jorge Ubico Castañeda (1931-1944). Delegado a un congreso antifascista universitario en la ciudad de México, por esos años, tiene que sufrir el primer exilio, pues el dictador Ubico no le permite su reingreso al país. “Neto” aprovecha bien su tiempo y avanza en sus estudios en la Facultad de Derecho de la Universidad Nacional Autónoma de México, estudios que había iniciado en nuestra Universidad de San Carlos de Guatemala.
Después de la alborada del 20 de octubre de 1944, “Neto” se incorpora a la construcción de la nueva Guatemala, trabajando durante el gobierno de Arbenz, conjuntamente con el licenciado Alfonso Bauer Paiz, como funcionarios superiores del Banco Nacional Agrario, encargado de suministrarle crédito a los beneficiarios del programa revolucionario de la Reforma Agraria, impulsada por el presidente Jacobo Arbenz Guzmán. Con la contrarrevolución en 1954, don Ernesto retornó al exilio mexicano, ya casado con su esposa, doña Carmelita. Desde entonces, trabajó incansablemente para ayudar a los guatemaltecos y exiliados latinoamericanos que requerían sus servicios como abogado en los trámites migratorios necesarios para conseguir una estadía legal en el territorio mexicano y, eventualmente, conseguir permisos de estudio y/o trabajo. Lo sorprendente era que no cobraba por sus servicios. En su apartamento de la calle Bucarelli, en el Centro Histórico del Distrito Federal, él y su esposa recibían a todos aquellos necesitados de abrigo y de calor humano, tal lo expresan miles de personas con sus testimonios nostálgicos.
Hoy que los valores humanos se encuentran en pocos ciudadanos en nuestro país, la ética y la moral ausentes en el comportamiento de muchos guatemaltecos, para las nuevas generaciones el ejemplo de vida de don Ernesto Capuano del Vecchio es ilustrativo y digno de imitarse. Ahora que reposa con justicia en el panteón familiar a la vera del Santa María.
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