De incendiario a apagafuegos
Por Eduardo Antonio Velásquez Carrera - Guatemala, 2 de septiembre de 2010
No cabe duda que Miguel Ángel Asturias no solamente fue un gran escritor a nivel planetario sino también un ciudadano que conoció la vida de Guatemala como la palma de su mano. Y uno de los aspectos que más conoció fue la vida estudiantil y universitaria de Guatemala de su tiempo. Como se sabe, fue contemporáneo de otros universitarios que con el devenir destacarían en la vida de nuestro país, como el malogrado José Luis Chocochique Balcárcel, el doctor Epaminondas Quintana y el famoso David El Gato Vela, sólo para mencionar a algunos distinguidos estudiantes de aquellos tiempos. En su novela Viernes de Dolores nos muestra la ruta de vida del estudiante de derecho, Ricardo Tantanis, quien para complacer a sus padres se gradúa de abogado y notario y se larga para París, para no volver jamás. Cualquier semejanza con la vida del Gran Moyas no es mera coincidencia.
No han sido pocos estudiantes que durante sus años iniciales en la Universidad han jugado un prominente papel de incendiarios, muchos de ellos en busca del poder político en sí mismo y otros –los menos– convencidos de sus ideales que objetivan un mejor destino para todos los ciudadanos. Conozco a algunos que desde las trincheras de la Juventud Patriótica del Trabajo (JPT) , por ejemplo, se enfrentaban con su trabajo político a las distintas administraciones universitarias, ya sea facultativas o de las escuelas, abriendo brecha para el mejoramiento de las condiciones de estudio de los y las jóvenes guatemaltecas, allá por la década de los setenta del siglo pasado. Muchos de ellos fueron desaparecidos, tuvieron que seguir el camino del destierro en otros casos y no faltaron quienes fallecieron luchando por sus sueños desde las distintas organizaciones guerrilleras. Otros, al contrario, como buenos oportunistas fueron labrándose un destino de seudoacadémicos, cuyo objetivo fundamental era convertirse en oscuros burócratas universitarios, cuyo servilismo los ha llevado a convertirse en capangas de aprendices de dictadores, cuyos sueños no pasan de un acomodamiento universitario y cuando mucho en alguna plaza en el Ejecutivo o de Embajador, en donde puedan esconder con lujo modesto sus ínfulas pequeño burguesas.
De incendiarios han pasado al triste papel de apagafuegos. De pretender ser líderes revolucionarios a simples policías para el mantenimiento del status quo. Que larga y cínica vuelta de un ciclo que muestra la perversidad personal, a pesar de los estudios. De revolucionarios de armas tomar, compañeros falsos de verdaderos iconos estudiantiles como Oliverio Castañeda de León, a cínicos esbirros agresores de los actuales estudiantes que luchan por la autonomía universitaria. Triste destino: de estudiantes, revolucionarios tomadores de antorchas, a profesionales burdos apagafuegos, sin la vocación por la vida de los bomberos, simples y llanos. Se han convertido en simples y oscuros comparsas, de Presidentes, Primeras Damas, Rectores, Decanos y hasta funcionarios de cualquier categoría que les brinde un brete.
¡Que vergüenza ajena más grande! Quien te ve y quien te vio.
Fuente: www.elperiodico.com.gt - 010910 |