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Gaspar Ilom
Po rFernando Andrade Díaz Durán - Guatemala, 1 de julio de 2005

Me encontraba en la Habana, Cuba en mi calidad de presidente del Grupo de los 77 (países en desarrollo) de las Naciones Unidas en un seminario de cooperación sur-sur en septiembre de 1987...

Me encontraba en la Habana, Cuba en mi calidad de presidente del Grupo de los 77 (países en desarrollo) de las Naciones Unidas en un seminario de cooperación sur-sur en septiembre de 1987, cuando en una recepción que brindaba el gobierno cubano en el Centro de Convenciones se me acercó Ramiro Abreu, encargado del buró para Centro América del Comité Central del Partido Comunista de Cuba y me dijo: Fernando; te interesaría reunirte con un alto dirigente de la URNG aquí en la Habana? Mi contestación fue directa y tajante: depende. Si es uno de los comandantes, talvez. Pero de no ser así, no veo la importancia de la reunión. Por supuesto que acudiría como ciudadano guatemalteco a conversar con otro guatemalteco. Soy Embajador de Guatemala en la ONU y no tengo ninguna facultad para proceder en nombre del gobierno, le dije. Sin embargo, estoy dispuesto en forma no oficial a intercambiar ideas si esto contribuye a un acercamiento que propicie un proceso de paz y reconciliación en mi país. Al día siguiente, Abreu se comunicó conmigo y me informó que el interlocutor sería Rodrigo Asturias - el Comandante Gaspar Ilom. Conocí a Rodrigo cuando estudiaba en el Colegio Infantes (hoy Liceo Guatemala), aunque nunca habíamos sido amigos. Cuando fui presidente de la Asociación de Estudiantes de Derecho en la Universidad de San Carlos nos enfrentamos políticamente en las luchas estudiantiles, por cierto muy intensas. Él era un dirigente universitario comprometido con la revolución marxista y yo era un dirigente que representaba la corriente social cristiana que prevalecía en aquel momento no sólo en la Facultad de Derecho sino en otras facultades de la Universidad. Después de aquellos años, nunca lo volví a ver y cada uno siguió caminos muy diferentes.

El encuentro se llevó a cabo en una modesta granja de Ramiro Abreu, en las afueras de la Habana. Llegué con Francisco Villagrán De León, Embajador de Guatemala en la OEA en aquel entonces, como de nuevo lo es actualmente; quien también asistía al seminario del G77. Recuerdo muy bien que Ramiro Abreu había colocado en el jardín, bajo unos frondosos árboles, unas sillas con una mesa bien surtida de refrescos y distintas bebidas con abundantes boquitas y platos típicos. Era un mediodía caluroso e iniciamos la conversación con el anfitrión sobre los temas obligados de la situación centroamericana cuando una persona le avisó a Ramiro que había llegado “El Comandante.” Tenía mucha curiosidad de volver a ver a Rodrigo y estaba convencido que algo bueno podría salir de esa reunión. Cuando lo vi avanzar acompañado de Abreu, me puse de pie y caminé hacia él con paso ligero y sin mediar palabra, nos dimos un abrazo.

La conversación, al principio cuidadosa y excesivamente formal, devino al transcurrir el tiempo en un diálogo cordial y constructivo. Intercambiamos experiencias y anécdotas y en ningún momento afloró animadversión ni hubo señalamientos y mucho menos reproches. Hablamos de muchos temas y coincidimos que un proceso de paz se imponía en Guatemala. Los guatemaltecos no podíamos continuar la lucha estéril, había que detener el círculo vicioso de la violencia y reencontrar el camino del diálogo y la negociación.

Transcurrieron largas horas que casi no sentí. En cierto momento, quizá alrededor de las 7:30 de la noche, Abreu le recordó a Rodrigo que debía salir para el aeropuerto José Martí a tomar el vuelo a Praga. Casi ocho horas habían transcurrido cuando nos despedimos con un abrazo. Lo volví a ver de nuevo cuando era yo asesor específico del conciliador monseñor Rodolfo Quezada Toruño nos, encontramos en Quito, México y Ottawa, durante las conversaciones de paz.

Esta anécdota es seguramente una de tantas con las que se forja la historia de nuestros pueblos. De más está decir que al regresar de la Habana, me entrevisté con el presidente Vinicio Cerezo a quien informé con minucioso detalle lo conversado con Gaspar Ilom. Ahora que Rodrigo Asturias inició el viaje sin retorno, espero que la Historia lo juzgue con objetividad.

Fuente: de www.sigloxxi.com


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