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El otro fundamentalismo
Por Fernando Carrera - Guatemala, 17 de noviembre de 2004

La mayor amenaza a la libertad humana.

Luego de la reelección de George Bush, el mundo se encamina rápidamente a nuevas confrontaciones armadas y aventuras bélicas. Preocupados por la inseguridad e inestabilidad creadas por el fundamentalismo islámico, la mitad de los estadounidenses parece favorecer el surgimiento de otro fundamentalismo: el que representan los grupos evangélicos, los halcones de la seguridad, y la industria de armamentos.

El nuevo fundamentalismo comparte con sus primos islámicos varios elementos comunes: cree actuar en razón de un cierto mandato divino (Dios es su guía); busca modificar no sólo las relaciones internacionales sino sobre todo la vida privada y familiar de las personas; y para alcanzar sus objetivos están dispuestos a recurrir a la más brutal de las violencias (incluyendo atacar a otros países, y torturar y asesinar a sus enemigos).

El nuevo fundamentalismo estadounidense, junto a su primo islámico, son probablemente la mayor amenaza a la libertad humana que ha existido desde el surgimiento simultáneo del fascismo y el estalinismo. Con su visión mesiánica y violenta, pero sobre todo con su perspectiva de modificar la vida social hasta en su núcleo más básico como es la familia, el fundamentalismo estadounidense promete un nuevo mundo totalitario que bien puede acercarnos al 1984 de George Orwell.

Para vencer a esta nueva amenaza totalitaria es preciso levantar varios puntos de resistencia. El primer frente de batalla se ubica en el interior de Estados Unidos, donde es preciso que se denuncien las amenazas a la libertad por parte de los fundamentalistas. Las ciudades de Nueva York, Chicago, Los Ángeles o Washington, demostraron en esta elección ser grandes defensoras de un ideario estadounidense más abierto y libre.

El segundo punto de resistencia somos nosotros, los ciudadanos del mundo que no votamos en una elección donde también se define nuestro futuro. Nuestro papel es ser menos neutros frente al nuevo fundamentalismo y defender nuestra libertad individual y como nación junto a otros ciudadanos y países del mundo que tampoco abrazan el ideal totalitario. Y educar a nuestros hijos en el amor a la libertad, para que cada vez los fundamentalistas tengan más difícil su tarea de reclutar radicales mesiánicos.

Y el tercer punto de resistencia es la Historia. Porque no hay fundamentalismo que dure 100 años, ni mundo que se lo aguante. Tarde o temprano, la radicalización de esos totalitarismos termina mostrando su verdadera cara y las sociedades se liberan de ellos, como sucedió con el estalinismo y el macartismo. Entonces, los imperios de terror que han erigido con tanto esmero, se caen como castillos de naipes. Y nosotros re-descubrimos (como lo hicieron los alemanes, checos, rumanos y húngaros en 1989) que nacimos, somos y seremos libres. A veces, incluso, a pesar de nosotros mismos.

Tomado de www.elperiodico.com.gt


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