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De la imprenta - Imaginación en llamas
Por Fidel Celada - Guatemala, 10 de julio de 2005

Mariposas del vértigo. Eduardo Juárez. Guatemala: Letra Negra Editores, 2005. 148 páginas.

Será muy difícil que olvide la imagen apocalíptica y caótica de la calzada Aguilar Batres en llamas. Eduardo Juárez ha conseguido recrearla en mi mente a través Un día en la vida de Óscar, uno de los relatos que forman su primer libro, Mariposas del vértigo. Aún semanas después de haberlo leído me basta con cerrar un momento los ojos para revivir la sangrienta rebelión de los pasajeros de la ruta San Miguel Petapa-ciudad capital. Una satisfacción macabra se apodera de mí cuando los personajes ficticios linchan en serie a los choferes de los buses extraurbanos, abusivos y prepotentes, y a sus ayudantes, igualmente déspotas e insolentes. No hay nada como la literatura para desahogarse.

Juárez es un maestro en el arte de imaginar las más salvajes fantasías a partir de situaciones ordinarias. En sus cuentos se refleja esta habilidad, la cual se convierte en la mayor de sus fortalezas.

En Donde caben dos caben tres, otro relato de camionetas, el autor entrelaza las historias de cinco personajes que comparten, cada uno por distintos motivos, una angustia que los domina hasta la muerte.

Quienes protagonizan estos cuentos están unidos por la fatalidad. Algunos son prisioneros de una obsesión, como Samuel, el carnicero, que le pone nombre y apellido a las vacas que desolla (El señor de las vacas); o de un trabajador, como Virgilio, el lacayo de una maquila coreana (Assembled in Guate). Otros, hundidos en el alcohol, acompañan a la miseria en la Terminal (como Seferino en Despedida de soltero) o en San José Pinula (como Emilio en El origen del Mitch). Los relatos de Juárez exploran la tragedia mediante un humor negro, tétrico, que por momentos exige un respiro. Pero la curiosidad siempre hace que el lector regrese a la próxima historia.

Dos cuentos de este libro, Conversación en el museo y Pintura de Navidad, arremeten contra la élite pictórica del país, y harán que los más correctos lancen un exabrupto, cuando menos, pues no dejan santo parado. El escritor sabe cómo tratar con irreverencia temas como la creación y la apreciación del arte.

La prosa de Juárez es clara y directa. Su manejo de los tiempos, tanto en los relatos lineales como en los que intercala en varias escenas, es coherente e incluso, ameno. En ocasiones, sin embargo, los diálogos de sus personajes no resultan naturales; parece como si el narrador hablara por ellos, privándolos de su voz propia.

Pero esto no impide que Mariposas del vértigo entretenga a sus lectores, los haga vivir los infortunios de sus personajes y los divierta con situaciones fantasiosas que seguramente tienen su origen en los deseos más escondidos de los guatemaltecos que retrata.

Tomado de www.sigloxxi.com - Magazine 21


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