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Bush toca nuevamente los tambores de guerra
Por Félix Loarca Guzmán - Guatemala, 24 de noviembre de 2004

Muchos analistas de Estados Unidos y de América Latina consideran que la reelección del presidente George W. Bush para un segundo mandato en la Casa Blanca, ha demostrado que una parte de la población estadounidense optó por "la lógica de la guerra" a la vez que se muestran escépticos ante la posibilidad de que el gobernante norteamericano pueda reconciliarse con el mundo.

Los comentarios se han multiplicado en el sentido que la victoria de Bush anuncia nuevas guerras en perspectiva lo que lleva a la conclusión que cada vez será más inseguro viajar por el mundo.

Las presiones que el reelecto Presidente de Estados Unidos ha comenzado a intensificar en estos días en contra de Corea del Norte e Irán, que no son países del agrado de la potencia imperial, indican que el gobierno de "los halcones" en Washington nuevamente está tocando los tambores de guerra.

Mientras en América Latina y en Europa una mayoría de gobiernos se orienta hacia políticas progresistas, la reelección del señor Bush hace presagiar nubarrones grises para el futuro del mundo, pues su régimen derechista y ultraconservador se niega a aceptar que el mundo es multipolar.

En la política de "miedo" que ha logrado internalizar en la mente de los estadounidenses y de los habitantes de otras partes del planeta, el presidente Bush cree que es el líder de una megapotencia y que por ello puede ordenar lo que quiera aún pisoteando el Derecho Internacional como lo hizo al invadir Irak sobre la base de mentiras como la existencia de armas de destrucción masiva que nunca fueron encontradas.

Es una utopía pensar que el mandatario norteamericano tuviera la intención de asegurarse un lugar diferente en la historia trabajando en busca de un consenso con sus opositores internos que son numerosos y con los dirigentes y los habitantes de numerosos países que deseaban su derrota en las elecciones del pasado 2 de noviembre.

Los diferentes observadores políticos coinciden en que George W. Bush se encuentra no sólo ante su país profundamente dividido sino también ante un mundo que no lo ve con simpatía sino con una profunda desconfianza.

Aunque la política belicista de los republicanos ha favorecido esencialmente a la industria de las armas y a empresas vinculadas con altos funcionarios del gobierno de Washington enriqueciendo más a una minoría de la población norteamericana, Bush debe pensar seriamente en los peligros de desatar nuevos conflictos en otras partes del mundo.

La animosidad para el gobernante norteamericano crece en forma impresionante en todas partes del mundo, especialmente porque los efectos de sus decisiones están causando un impacto muy negativo sobre todos los sectores sociales.

Según las agencias internacionales de noticias, el premio Nobel de Economía Joseph Stiglitz, dijo recientemente en la capital de Alemania que el presidente Bush es responsable de todos los problemas económicos de Estados Unidos, incluido el alto precio del petróleo.
El experto explicó que "cuando se genera una guerra en la región más petrolífera del mundo no hay que sorprenderse que las consecuencias sean una mayor inestabilidad y alzas en los precios."
El Premio Nobel de Economía comentó que la situación de la economía de Estados Unidos es mala pese a que algunas cifras pueden hacer pensar lo contrario.

Stiglitz recordó que al llegar Bush al poder el superávit del presupuesto público estaba en el año 2000 por encima de los 200 mil millones de dólares. Sin embargo, el Presidente estadounidense hizo enormes obsequios fiscales a los ricos de Estados Unidos, para convertir el cuantioso superávit que recibió del gobierno de Bill Clinton en un déficit todavía más profundo.

De manera que el futuro no es nada promisorio especialmente para los países de América Latina que seguirán siendo el patio trasero de los Estados Unidos.

Los pueblos de nuestro continente no figuran entre las prioridades estratégicas del Tío Sam salvo cuando estén involucrados en cuestiones específicas como el narcotráfico o las negociaciones para constituir un área de libre comercio con las Américas, cuyo objetivo encubierto es proseguir el saqueo de las riquezas nacionales y explotando la mano de obra de los obreros y campesinos en las condiciones más indignas y humillantes.

Cada vez se profundizan más los estudios, acerca de que el cacareado Tratado de Libre Comercio no es sino un instrumento para privilegiar a las clases dominantes de nuestros pequeños países en alianza con las grandes élites estadounidenses, lo que significa que los pobres seguirán siendo más pobres y los ricos todavía más ricos.

Fuente: Diario La Hora - www.lahora.com.gt


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