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Crece el descontento ante la crisis social
Por Félix Loarca Guzmán - Guatemala, 8 de junio de 2005

La incertidumbre se agudiza cada día más entre el pueblo de Guatemala ante el incontrolable torrente de asaltos y actos de delincuencia en general.

Los incrementos en los precios de los artículos de consumo diario, así como la incesante especulación frente a una alarmante pérdida del poder adquisitivo de la moneda nacional el quetzal, están fomentando un enorme descontento no sólo entre los habitantes de las áreas urbanas, sino particularmente entre los trabajadores del campo.

La pésima conducción de la política económica durante el gobierno de la GANA ha profundizado la miseria y la pobreza en que vive la gran mayoría de la población. Los niveles de desempleo son altamente preocupantes. Asimismo, la tasa de inflación que el año pasado llegó a casi el 10 %, está creciendo en forma desproporcionada en parte como consecuencia de los altos precios internacionales del petróleo.

Mientras el pueblo se hunde en la pobreza, el presidente Óscar Berger sigue despilfarrando los dineros del erario nacional con sus constantes viajes al extranjero. Apenas el pasado fin de semana estuvo en México y antes en Washington en una misión de vasallaje pidiendo a las autoridades estadounidenses la aprobación del Tratado de Libre Comercio, TLC, con Centro América y la República Dominicana.

Pero no sólo son los "viajecitos" del Primer Mandatario; también son los del vicepresidente Eduardo Stein los que están drenando los escasos fondos del Estado. Y ahora el diario Prensa Libre reveló en su edición del pasado lunes 6 de junio, que entre enero y mayo del presente año los diputados de las distintas bancadas han dilapidado 2 millones 500 mil quetzales en viajes al exterior.

Algunos de los destinos de los parlamentarios han sido España, Italia, Venezuela, Inglaterra, Brasil, Taiwan y Filipinas.

La versión periodística señala que aunque el Congreso de la República justifica estas salidas, la población las rechaza y considera un exceso.

En los actuales momentos en que la efervescencia social crece en todo el territorio de Guatemala por el aumento de la delincuencia y la proliferación de actos de violencia, el remozamiento de la Policía Nacional Civil, PNC, ha sido definido por el presidente Óscar Berger como una de las prioridades de su gobierno.

Los delincuentes comunes y el crimen organizado han creado un verdadero estado de terror e inseguridad con sus asaltos, asesinatos, secuestros y robos de automóviles, de los cuales dan cuenta constantemente las páginas de los periódicos. Frente a esta dramática situación, el gobierno de los ricos dice que está empeñado en cambiar la imagen de la policía.

Algunos sectores sociales y políticos vieron como un acto de buena voluntad del Gobierno la entrega que el Presidente de la República hizo frente al Palacio Nacional el pasado lunes de 200 nuevas patrullas para las fuerzas policiales.

Sin embargo, otros círculos de la sociedad estiman que éste fue un esfuerzo de maquillaje para mejorar la posición del Gobierno ante la población, pues no es posible esperar eficiencia de una policía en donde campea la corrupción por todos lados.

La reforma de las fuerzas civiles de seguridad es una caja de cristal que Guatemala tiene que colocar frente al mundo porque la Policía debería ser baluarte en la defensa de los derechos humanos y no como ocurre en la actualidad que es frecuentemente señalada de realizar capturas ilegales.

La introducción de cambios en el campo de la seguridad pública no es una tarea sencilla en un país en el que durante los últimos años las acciones de violencia se convirtieron en permanentes sustitutos de la negociación y el compromiso.

De acuerdo con cifras de la Policía, durante el año 2004 se registraron más de cuatro mil 500 homicidios, mientras organizaciones sociales estiman que las muertes violentas van a superar ese número durante el presente año, debido a que el fenómeno ha aumentado durante los primeros cinco meses.

Pero el simple remozamiento de la Policía mediante nuevas formas de capacitación y tecnificación, así como el aporte de equipo como patrullas y motocicletas para fortalecer la capacidad de represión de los agentes, resulta insuficiente si no va acompañada de planes de orden económico y social para mejorar las condiciones de vida de la población.

Idealmente deberían implementarse medidas para atajar la descomposición social, como la creación de nuevas fuentes de empleo, la mejora de los salarios de los trabajadores de todos los sectores y de las pensiones de los jubilados que milagrosamente sobreviven con asignaciones de miseria.

La realidad es que estamos sentados sobre un polvorín, pues el capitalismo desenfrenado está conduciendo al caos, con grandes ganancias para una minoría, mientras la mayoría se ahoga en la miseria.

No hay que seguir echando leña al fuego, sino promover soluciones para hacer frente a la crisis social motivando a los empresarios a que paguen salarios decentes y no migajas como lo vienen haciendo tradicionalmente. En forma paralela el Gobierno debe aplicar una eficaz política antiinflacionaria y en defensa del consumidor.

Desdichadamente, el presidente Berger no está interesado en atender los problemas de los sectores populares, sino únicamente en satisfacer los intereses de los miembros de la cúpula económica que lo llevaron al poder, uno de ellos que hace pocos días confesó sin ningún recato en una entrevista de prensa, que en algunas ocasiones lleva un reloj valorado en 25 mil dólares, equivalentes a casi 200 mil quetzales, mientras hay personas que apenas tienen un dólar diario para vivir.

Fuente: www.lahora.com.gt


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