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Las angustias de los jubilados
Por Félix Loarca Guzmán - Guatemala, 1 de septiembre de 2005

Para ninguno es un secreto que Guatemala atraviesa por uno de los períodos de mayor preocupación en el campo económico y social, que se traduce en altos niveles de pobreza, desempleo, malos salarios y alarmantes indicadores de delincuencia.

La situación se agudizó inmediatamente después de la toma de posesión del actual presidente de la República, Óscar Berger, el 14 de enero del 2004, pues desde entonces se comenzaron a disparar los precios de los artículos de consumo popular.

La interpretación de algunos analistas, es que muchos empresarios en forma encubierta, tomaron la decisión de modificar los precios para recuperar los muchos millones de quetzales que invirtieron para financiar la campaña electoral del hoy partido oficial la GANA.

Sin embargo, el problema se agravó mucho más con los efectos de los altos precios del petróleo en el ámbito internacional, con las consiguientes consecuencias negativas para una economía débil como la de Guatemala, que depende en un gran porcentaje del consumo de productos derivados del oro negro como son el diésel y la gasolina.

La situación ahora parece un callejón sin salida, pues todos los días suben los precios de los combustibles, propiciando una inflación en cascada que ya se manifiesta en el encarecimiento de casi todos los productos, especialmente los alimenticios.

En medio de este marco tan complejo y poco alentador, numerosos ancianos jubilados del programa IVS del Seguro Social, salieron a las calles el pasado lunes protestando frente al Congreso de la República para exigir mejores pensiones y que se apruebe la compra de medicinas.

El angustioso llamado de los peticionarios, todos ellos personas que ya peinan sus canas luego de haber dejado sus mejores años de trabajo para bien de nuestro país, ha resultado muy conmovedor, pues se trata de un problema de alto contenido social y humano que debería ser atendido con la prontitud del caso no sólo por los diputados, sino por las autoridades del Seguro Social y el Gobierno central.

Los otros grupos de jubilados, especialmente los del Estado también se encuentran en una posición vulnerable ante las duras embestidas del alto costo de la vida, sin que tengan la menor esperanza de un alivio para su situación.

En varias oportunidades, los jubilados del IGSS y los del Estado, han expuesto el drama que los rodea con pensiones muy exiguas que ya resultan insuficientes para poder atender las necesidades fundamentales de sobrevivencia.

El Estado está obligado a velar por la protección de los derechos humanos de los habitantes y entre éstos destacan los económicos y sociales, que están siendo vulnerados en forma grotesca en el caso de los hombres y mujeres de la tercera edad.

Es impostergable que el Presidente de la República, ordene una evaluación urgente del tema de los jubilados para aumentar las pensiones aunque sea en mínimo porcentaje en tal forma que nuestros venerables ancianos puedan hacer frente a las difíciles condiciones económicas que hoy agobian al pueblo de Guatemala.

Ante su impotencia, los jubilados del IGSS que el lunes estuvieron manifestando en las calles de la capital de Guatemala, dijeron que están decepcionados porque los diputados no toman en cuenta sus peticiones.

Anticiparon que podrían iniciar una huelga de hambre para llamar la atención de las autoridades y de esta manera sensibilizar el corazón de personas como el primer empresario de la nación, don Óscar Berger, quien hasta ahora ha mostrado una total indiferencia para las angustias que están afrontando los jubilados con pensiones de miseria que ya no les alcanza para nada.

Hay que señalar con mucha claridad que la política de los compensadores sociales que impulsa el actual régimen de los ricos ha resultado un rotundo fracaso en lo que concierne a los ancianos, pues se les dotó de un carné para que pudieran utilizar gratuitamente el servicio del transporte, pero ello ha sido una farsa.

Los choferes de las camionetas sencillamente no paran a los ancianitos o los insultan cuando enseñan su carné, resistiéndose a dar cumplimiento a las disposiciones del transporte gratuito.

Lo más contradictorio es que muchos de los pilotos que actúan de esta manera tan ingrata, pertenecen a la Empresa Municipal del Transporte que está a cargo de la Municipalidad de Guatemala.

En todo caso, el alcalde de la capital, el empresario Álvaro Arzú que en muchas situaciones ha hecho gala de su carácter autoritario, no se ha sabido amarrar bien los pantalones para obligar a los choferes del servicio urbano que den cumplimiento al servicio gratis para las personas de la tercera edad.

Lo cierto es que los jubilados están en la calle de la amargura y que para ellos el presente y el futuro está rodeado de una total incertidumbre, sin que el gobierno de los empresarios haya expresado el menor interés por atender su clamor para que se haga realidad un aumento en sus pensiones.

Fuente: www.lahora.com.gt - 310805


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