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La utopía de la separación de poderes
Por Félix Loarca Guzmán - Guatemala, 27 de octubre de 2005

La prematura reelección ayer del oficialista Jorge Méndez Herbruger como Presidente del Congreso de la República para un nuevo período comprendido entre el año 2006 y 2007, ha actualizado el debate sobre la fragilidad de la democracia en nuestro país, poniendo en tela de duda uno de los principios fundamentales de la misma como es la división o la separación de poderes.

Probablemente no muchas personas han reparado en que lo que hubo ayer en el Palacio Legislativo es parte del proyecto que acarician los sectores empresariales del país para perpetuarse en el ejercicio del poder, para lo cual han puesto en práctica un tenebroso plan de mediano y largo plazo dirigido a la captura de las distintas instituciones del Estado mediatizando las escasas como débiles expresiones de la oposición.

De acuerdo con lo que ha trascendido, la reelección del señor Herbruger es el resultado de obscuras componendas políticas a base de viajes al exterior y otras prebendas, para garantizar la hegemonía del bloque del partido de gobierno la GANA, lo que en otras palabras significa la sumisión del Organismo Legislativo a los dictados del Poder Ejecutivo encabezado por el Primer Empresario de la Nación, el finquero y abogado Óscar Berger. En esas condiciones es más apropiado hablar de la utopía de la división de poderes. Utopía es toda idea o proyecto hermoso y halagüeño pero irrealizable.

Junto a los nubarrones grises que rodearon la reelección del actual Presidente del Congreso, es conveniente poner atención a las denuncias que formularon varios diputados opositores, en el sentido que se llegó al extremo de haber negociado la pobreza del pueblo haciendo "arreglos" para otorgar a uno de los bloques que se alinearon al oficialismo, las tareas de la reconstrucción de algunas de las zonas devastadas por el huracán Stan con una inversión libre de licitación por 50 millones de quetzales destinados a beneficiar a grupos empresariales afines.

Históricamente uno de los conceptos más difundidos sobre la democracia es la expresión acuñada por Abraham Lincoln, el famoso estadista y Presidente de los Estados Unidos (1860-1865), quien dijo: "La democracia es el gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo".

Es un hecho irrefutable que cada persona, cada grupo, cada comunidad interpreta la democracia a su manera. El punto de vista sobre la democracia que tiene el Presidente de Estados Unidos, señor George W. Bush, es muy distinto del que sostiene y defiende el Presidente de la Cuba Socialista, el Comandante Fidel Castro.

En lo que sí existe coincidencia es que la palabra democracia es una construcción griega, proveniente del lenguaje político del siglo V antes de Cristo. Designa a un determinado régimen político contrapuesto a otros, tales como la tiranía y la aristocracia.

En forma sencilla se puede decir que el vocablo democracia deriva de las voces griegas Demos: pueblo y Kratos: poder. Significa: gobierno o poder del pueblo. La democracia como forma de gobierno es la participación del pueblo en la acción de dirigir la cosa pública por medio del sufragio y del control que se ejerce sobre lo actuado por el Estado.

Entre los elementos más importantes de la democracia figuran las elecciones libres, pluralistas y periódicas para elegir a los representantes del pueblo en cargos públicos. Asimismo, la división y la independencia de poderes (Ejecutivo, Legislativo y Judicial) y la vigencia de un Estado de Derecho que permita el libre e igual ejercicio de las libertades ciudadanas y el respeto a los derechos humanos de los miembros de la sociedad.

Durante la antigüedad clásica y la edad media, el poder del Estado se concentró en manos de una sola autoridad: príncipes, reyes, emperadores. No fue sino hasta con la Revolución Francesa que el Barón de Montesquieu, uno de sus más grandes ideólogos, enunció el principio de la división de poderes, expuesto en su obra El Espíritu de las Leyes.

Según Montesquieu, el poder del Estado se traduce en tres funciones distintas: legislativa, por medio de la cual se emiten las normas legales; ejecutiva, encargada de ejecutar y hacer que se cumplan las leyes y judicial, cuyo papel consiste en aplicar la legislación vigente por medio de los tribunales de justicia.

Hoy en día, la división de poderes ya no se entiende como separación absoluta entre cada una de las ramas del poder estatal, sino como manifestación de un solo poder armónico, funcional y unitario.

Este poder se expresa a través de tres organismos del Estado que son el Legislativo, Ejecutivo y Judicial, cuya autonomía teóricamente garantiza el eficaz cumplimiento de las funciones que a cada uno corresponde.

Para que haya Estado de Derecho tiene que existir la división de poderes, pero en tal forma que se produzca un control recíproco para el mejor funcionamiento del aparato estatal. La división de poderes es la base de la sumisión del Estado al Derecho.
Desafortunadamente, en la práctica éste principio se incumple más de lo que se observa. En los países de régimen presidencialista como Guatemala, el Organismo Ejecutivo generalmente logra la subordinación de los otros poderes, a través de diferentes procedimientos, casi siempre sutiles y encubiertos por lo que no son advertidos por la ciudadanía.

Entre los mecanismos empleados destacan las "negociaciones espurias", la compra de voluntades y la manipulación de los recursos financieros para conceder prebendas o privilegios a los aliados políticos.

La reelección del señor Jorge Méndez Herbruger para un nuevo período en la Presidencia del Congreso garantiza la hegemonía del partido gobernante en el Organismo Legislativo, pero a la vez pone en entredicho el estado de derecho confirmando que en Guatemala la democracia no ha llegado a ser tal cosa. Lo que existe en nuestro país es una democracia electorera, en la cual los intereses del pueblo no son la prioridad fundamental sino los intereses de la minoría gobernante que no son otros que los de los grandes ricachones.

Fuente: www.lahora.com.gt - 261005


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