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El presidente Bush ante dos derrotas políticas
Por Félix Loarca Guzmán - Guatemala, 10 de noviembre de 2005

En menos de una semana, el presidente de los Estados Unidos, George W. Bush, ha sufrido dos de las más impresionantes derrotas políticas de la época contemporánea, las cuales dibujan el nuevo escenario internacional con naciones cuyos dirigentes están hoy conscientes de que no es posible seguir soportando la nueva forma de colonización que el país más poderoso de la tierra trata de imponer en nombre de la libertad y la democracia.

Ayer martes, la Asamblea General de la Organización de las Naciones Unidas, ONU, emitió una histórica resolución mediante la cual se pronuncia en contra del brutal e inhumano bloqueo económico que los diferentes gobiernos de Estados Unidos han mantenido durante más de cuarenta años en contra del pueblo de Cuba. Ese documento constituye un precedente de gran significado en contra de la política intervencionista y violatoria del Derecho Internacional de la metrópoli imperial. De 191 países representados en el organismo mundial, 182 votaron en contra del embargo económico.

Apenas el pasado fin de semana, el gobernante estadounidense salió derrotado de la IV Cumbre Presidencial de las Américas que se efectuó en Mar del Plata, República Argentina. En esa reunión, el señor Bush fracasó en sus intentos hegemónicos por relanzar el proyecto del Área de Libre Comercio de las Américas, más conocido por sus siglas de ALCA, pues encontró fuerte oposición de cinco de los Presidentes de los países de la América del Sur que han asumido una posición de mucha gallardía en defensa de la dignidad y la soberanía de los pueblos de la región.

Volviendo al tema de la votación de ayer en la Asamblea de la ONU, es pertinente puntualizar que aunque la resolución no tiene carácter vinculante, sí está provista de una enorme fuerza moral y representa la expresión de 182 países que no aprueban una acción de tanta barbarie como la que Estados Unidos ha llevado a cabo durante más de cuatro décadas con la mayor impunidad, cercando económicamente no al gobierno de Fidel Castro sino al noble pueblo de Cuba, por el único pecado de haber escogido el camino propio de su emancipación.

La resolución de las Naciones Unidas no sólo es una victoria diplomática y política de los pueblos que exigen que se respete su derecho a la autodeterminación, sino lleva implícita una sanción moral de mucho peso para un gobierno belicista e irrespetuoso de los Derechos Humanos como el que encabeza el presidente Bush de los Estados Unidos.

Con respecto a lo que sucedió en la Cumbre Presidencial de las Américas, conviene subrayar que por primera vez en mucho tiempo la política imperialista no se pudo imponer. Los dos principales protagonistas fueron el señor George W. Bush, que trataba de resucitar el ALCA y el presidente de Venezuela, Hugo Chávez, quien se mantuvo totalmente en contra del mencionado plan de libre comercio. Textualmente expresó que: "El ALCA trae veneno, es una propuesta imperialista."

El canciller de Argentina, Rafael Bielsa, también manifestó en forma categórica que "No están dadas las condiciones para proseguir la negociación del ALCA, pues es perjudicial para los intereses de nuestros pueblos."

La ejemplar actitud en contra de la sumisión al colonialismo, fue liderada por el presidente Chávez, de Venezuela, junto a los gobernantes de Brasil, Argentina, Uruguay y Paraguay, coincidentemente los cinco países que en América del Sur han asumido una postura por el respeto a la soberanía y en defensa de un futuro más promisorio para sus habitantes.

Desdichadamente, el presidente de Guatemala, Óscar Berger, quien siempre ha sido muy propenso al vasallaje, se unió a la postura del Presidente de los Estados Unidos, para tratar de dar vida a un proyecto que como el ALCA es profundamente perjudicial para nuestros países.

A ese respecto, vale la pena mencionar que hace aproximadamente dos años, el señor Luis Enrique Marius, de nacionalidad uruguaya, uno de los más brillantes dirigentes obreros de América Latina, quien en ese tiempo formaba parte de la directiva de la Central Latinoamericana de Trabajadores, CLAT, expuso su criterio sobre el ALCA señalando que éste sería un acuerdo entre Estados, que de ser aprobado, puede generar condiciones de explotación y marginación social y de depredación ambiental desconocidas hasta ahora y muy superiores a las que actualmente sufre la región latinoamericana.

El señor Marius explicó entonces que ese plan no es un proyecto o proceso de integración. Su naturaleza es esencialmente económica y comercial. Su objetivo es imponer reglas comunes en el continente que abran todas las actividades nacionales al control de los grandes capitalistas.

El proceso se haría mediante la restricción de diversos derechos y patrimonios de todos los ciudadanos, pero especialmente de los sectores más débiles asalariados, campesinos, pueblos indígenas, etc. En contraste, los capitalistas e inversionistas transnacionales recibirían diversas formas de protección y garantías hasta el momento ignoradas.

Marius sustenta el criterio que aunque el acuerdo se denomine "de Libre Comercio", lo que se busca con el ALCA es el control por parte del gran capital y especialmente del gran capital estadounidense, de todas las actividades y recursos de los países de América Latina. Sus disposiciones no afectarían solamente el comercio, sino la producción, los servicios, la propiedad de la tierra, el agua y los recursos naturales.

En otras palabras, si en el futuro Estados Unidos logra la aprobación del ALCA, este plan tendrá una profunda influencia negativa en la vida económica, social y política de los pueblos de América.

Fuente: www.lahora.com.gt - 091105


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