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Fuerzas especiales para afrontar desastres naturales
Por Francisco Noguera - Guatemala, 28 de octubre de 2005

La convocatoria del Secretario para la Defensa de Estados Unidos, Donald H. Rumsfeld, a sus homólogos centroamericanos en la Bahía Biscayne, Miami, el 12 de los corrientes, reviste particular importancia y debe ser analizada cuidadosamente.

La convocatoria del Secretario para la Defensa de Estados Unidos, Donald H. Rumsfeld, a sus homólogos centroamericanos en la Bahía Biscayne, Miami, el 12 de los corrientes, reviste particular importancia y debe ser analizada cuidadosamente.

Según información de la prensa extranjera, Rumsfeld está interesado en alinear a las fuerzas armadas centroamericanas en la lucha contra enemigos comunes, incluyendo el tráfico de drogas, contrabando de armas y el crimen organizado. La estrategia del secretario para la Defensa también incluiría, aunque no se menciona abiertamente, la lucha contra el terrorismo internacional.

Paralelamente, Centroamérica estaría considerando la creación de un batallón de aproximadamente 700 efectivos, equipados contra desastres naturales, seguridad regional y mantenimiento de la paz.

El establecimiento de tal fuerza tendría mucho mayor sentido luego de las inundaciones que acaban de asolar parte del área.

Rumsfeld es un tipo astuto y está aprovechando la coincidente disyuntiva de los desastres naturales para vender una idea, una política que especialmente serviría a los intereses de Estados Unidos. Al centro de dicha política está el combate contra el narcotráfico y la lucha contra el terrorismo. Es vital para EE.UU. que su patio trasero esté lo mejor preparado posible para prevenir las amenazas de esos dos enemigos contra su seguridad, y en Centroamérica siempre ha tenido aliados incondicionales a un costo muy bajo.

A la inversa, el costo ha sido muy alto para algunos países centroamericanos y Guatemala no podría ser mejor ejemplo. Sus fuerzas armadas fueron profesionalizadas con la ayuda de Estados Unidos y entrenadas en la Escuela de las Américas en la lucha contrainsurgente. Ello tuvo un costo muy elevado en violaciones a los derechos humanos en Guatemala, lo que incluyó la tortura y el arrasamiento de cientos de poblaciones civiles, como parte de la doctrina de seguridad nacional y de la estrategia militar del pez en el agua, que ya había sido puesta en práctica por Estados Unidos en Viet Nam.

Rumsfeld está apelando a la buena organización y a las buenas relaciones. “Mientras mejor relacionados y organizados estemos en relación a cuestiones de seguridad, en mejores condiciones estaremos para tratar con desastres, ya sean naturales o provocados por el hombre”, dijo el secretario a los ministros de Defensa centroamericanos reunidos en una conferencia sobre seguridad de dos días.

Claro está, es muy saludable estar prevenido ante los desastres naturales, pero esa no es tarea que corresponda precisamente a los militares. Los países del área han creado organismos civiles para afrontar tales incidencias, mismos que deben fortalecerse.

El problema es que estas pequeñas parcelas se ven obligadas a entrenar fuerzas y a dotarlas de sofisticados y costosos equipos, para lo cual deben erogar valiosos recursos. No porque sean prioridad nuestra, sino porque conviene a los intereses estratégicos estadounidenses. Se establecen a instancias de la superpotencia, pero la misma no está dispuesta a pagar su costo.

La mayor preocupación será siempre el hecho de que Estados Unidos siempre tenga razones para fortalecer las fuerzas armadas latinoamericanas, no obstante la larga tradición de gobiernos autoritarios represivos. Las razones abundan: Protección del medio ambiente, lucha contra el narcotráfico, desastres naturales, crimen organizado, contrabando de armas... Tales razones son valederas para Estados Unidos, pero no tan valederas para nosotros. Nuestra razón principal es el fortalecimiento de la democracia y la asignación de recursos para el desarrollo social. No podemos tomar ni mínimos riesgos de volver al pasado, por importantes que parezcan tales razones. Debemos mantener las cosas en su respectivo contexto.

Fuente: www.elperiodico.com.gt


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