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Diez años más
por Gabriel Aguilera Peralta - Guatemala, 30 de diciembre de 2006

¿Cuándo se puede decir que ha terminado un proceso de paz? Algunos autores dicen que cinco años después de la firma, si no se reanudaron las hostilidades y si ha transcurrido al menos una elección nacional libre y competitiva. Si así fuera habríamos cumplido. Pero en nuestro caso, el referente ha sido el cumplimiento de los centenares de compromisos derivados de los Acuerdos. Se trata de un intento de trasladar a una medición matemática, y por ello comprobable, el complejo intento de cambiar las estructuras de una sociedad.

Ese mecanismo siempre ha sido difícil de aplicar, entre otras razones porque algunos de los compromisos originan nuevos o se desdoblan en subprocesos. Las opiniones varían, pero en general se puede afirmar que la paz sí ha producido modificaciones importantes, lo principal la plena vigencia del orden democrático, y que también en otros campos se ha avanzado mucho, pero algunas de las grandes metas están lejanas, como lo indica la persistencia de altísimos índices de pobreza y de una muydesequilibrada distribución del ingreso, a lo que hay que añadir la grave situación de la seguridad ciudadana.

Por ello no podemos aseverar que a diez años de la firma de los Acuerdos se ha logrado ya realizar el Imaginario de sociedad democrática, igualitaria, socialmente justa y económicamente desarrollada que dibuja la Paz Firme y Duradera.

Entonces ¿qué es lo que sigue? Una corriente llamada minimalista, sostiene que con la paz se logró alcanzar lo que era posible y que es preciso ahora buscar otros referentes que guíen a la nación, más acordes con la realidad nacional e internacional actual, muy diferente a la de hace una década.
Otra corriente, los maximalistas, sostiene que los Acuerdos siguen vigentes. Se arguye que si la mayoría de los guatemaltecos siguen privados de gozar los beneficios de una vida de calidad y si persisten, o inclusive se habrán agravado, las desigualdades, los compromisos de la paz deben continuar cumpliéndose.

Esta segunda posición reconoce que el plazo original de cuatro años para cumplimentar los Acuerdos fue irreal y que la segunda recalendarización, en la que por cierto yo participé, de otros cuatro años resultó igualmente imposible de cumplir.

De allí viene la afirmación de que hay que pensar en una década más de seguimiento a los Acuerdos, para realmente superar, en lo posible, el conjunto de causas que dieron origen a la guerra interna.

El plazo suena largo, pero la guerra tuvo una duración de 36 años y de ellos, por lo menos 20 transcurrieron bajo gobiernos autoritarios. Así comparando, no resulta exagerado alargar la gestión de paz a dos décadas.

Es cierto que mientras más tiempo transcurre desde el inicio de la paz, más factores que no estaban presentes durante el conflicto inciden en los acontecimientos nacionales y afectan los compromisos, por ejemplo, el alza del precio del petróleo, las aperturas comerciales productos de los tratados de libre comercio y el crecimiento del crimen internacional organizado. Se trata del llamado “paradigma de Downs”.

Pero admitiendo ese elemento y otros que dificultan la gestión de los Acuerdos, yo veo la utilidad de seguirlos como una guía general, surgida del gran sufrimiento de la guerra. Después de todo, la Guatemala imaginada en esos Acuerdos es lo más cercano a un orden social en que se superarían los males que están presentes en la actualidad. Si no lo alcanzamos del todo, representa una meta colectiva y si la mantenemos presente como referente, más y más compromisos se irán realizando en el paso del tiempo y cada uno de ellos significa efectivamente una mejora en la calidad de vida.

Fuente: www.elperiodico.com.gt


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