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Volver a dialogar
Por Gabriel Aguilera Peralta - Guatemala, 20 de noviembre de 2007

El ejercicio para frenar los conflictos y favorecer los acuerdos.

Los diálogos no han faltado. En el Gobierno de Óscar Berger tuvieron lugar 24 espacios de negociación. En la administración de Alfonso Portillo actuaron las mesas intersectoriales de diálogo apoyadas por OEA y NNUU y las comisiones negociadoras de UPRECO, y se inició la Comunidad de la Defensa. Con Álvaro Arzú concluyó la negociación de la paz, se instalaron las mesas y comisiones derivadas de los acuerdos y el espacio Encuentros para la Actualización, moderado por Mario Solórzano. A partir de 1999, el trabajo de Interpeace potenció, como en ningún país de Latinoamérica, el tratamiento de temas de seguridad y la capacidad de incidencia de la sociedad civil.

Pese a ello, los gobiernos mencionados afrontaron, unos con más intensidad que otros, conflictos políticos y socioeconómicos, y sin embargo, sin los esfuerzos de negociación mencionados esos conflictos podrían haber tenido consecuencias más negativas.

El conflicto es inherente a las relaciones humanas. No se puede evitar la conflictividad, pero sí trabajar sobre ella para evitar su escalonamiento hacia la violencia y encauzarla hacia soluciones positivas.

Viene la reflexión por la iniciativa del presidente electo Álvaro Colom de convocar diálogos aun antes de asumir el cargo. Es una iniciativa positiva y si anuncia lo que será una política de su Gobierno es un buen comienzo. La legitimidad de un Gobierno se origina en elecciones. Se mantiene si los gobernantes tienen la voluntad y capacidad de acoger y responder las demandas de los ciudadanos. Es la relación de la gobernabilidad democrática.

El reto que se presenta a los nuevos diálogos es que en algunos casos, en experiencias pasadas, no tuvieron resultados concretos. Ello puede desgastar esa herramienta tan necesaria para el ejercicio democrático.

Por otra parte, se requiere que no solamente los representantes del Estado tengan voluntad de buscar consensos, sino que igualmente sus interlocutores la manifiesten.

Los diálogos del nuevo Gobierno se inician con temas complejos, como las tarifas del transporte público, problema de alta sensibilidad social y para el cual hasta la fecha no se ha logrado encontrar una solución que equilibre los requerimientos de las empresas operadoras con la pobreza de la mayoría de la población. Ha sido recurrente que este conflicto genera situaciones de violencia.

El nuevo diálogo es una oportunidad para encontrar una solución duradera a la cuestión. Esperemos que tenga éxito.

Fuente: www.elperiodico.com.gt


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