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En franco retroceso autoritario
Por la redacción del Boletín gAZeta - Guatemala, 22 de enero de 2019

Editorial

Llegados a la fase final de uno de los peores gobiernos que Guatemala ha tenido en toda su historia republicana, el grupo político que con maniobras y mentiras se ha apoderado de todos los organismos del Estado quiere sumir al país en la peor de las situaciones.

Cercenar derechos, negar libertades son la base de sus intensiones. Imponer a las mayorías sus creencias e ideologías trasnochadas, para así apropiarse de los recursos públicos es aún, cuando están en el ocaso de su gobierno, su obsesión. Expertos en provocar y aprovechar los conflictos, han asumido que no gobiernan para todos, queriendo utilizar el poder para satisfacer y salvaguardar sus intereses particulares.

En su alucinada desesperación autoritaria han decido hundir al país en las telarañas del pasado. Se imaginan omnipotentes, capaces de hacer retroceder las manecillas del reloj no solo horas, sino décadas, y llevarnos de regreso a la época en que sus ancestros imponían y manipulaban jueces y policías, con legisladores que apenas si obedecían sus exigencias.

Con los ojos vendados se niegan a constatar que el mundo ha cambiado y que, a pesar de la oleada conservadora y autoritaria que acecha por todo el mundo, los ciudadanos comunes y corrientes hemos ganado voz, energía y derechos, y estamos decididos a defendernos con las armas que nos da la democracia.

La independencia de poderes es la base de cualquier sistema democrático. El capitalismo, que tanto aman y reverencian, no sobrevive sin ello, porque los capitales buscan certeza jurídica, y esta solo se obtiene si hay una clara y absoluta independencia del poder Judicial respecto al Legislativo y Ejecutivo. Con la intensión de atar las manos a posibles gobiernos progresistas, los legisladores que reformaron la Constitución en 1985 y 1993 dotaron de absoluta independencia a la Corte de Constitucionalidad, sus miembros no pueden ser juzgados por sus fallos, a condición de que salte por los aires nuestro raquítico sistema jurídico y político.

Pero el grupo en el poder, insatisfecho con sus fallos, ha decidido eliminar ese pequeño resquicio de democracia para poner bajo su mando a todos aquellos que osen cuestionarles. Peligroso comportamiento, más aún cuando están en el ocaso de su gobierno pues, abiertas las compuertas del autoritarismo, ellos mismos podrán ser los primeros afectados cuando sean desalojados del poder.

Interesados en llevarnos a la época de las cavernas, en la que se sueñan los únicos mandamases trogloditas, quieren liberar a los torturadores y asesinos, olvidando que ahora se tienen pruebas materiales que demuestran sus crímenes y que Guatemala, para dejar de ser paria internacional, ha aceptado todas las convenciones internacionales sobre derechos humanos. Dar marcha atrás en lo juzgado y condenado les aislará en definitiva, y quienes ahora tratan de liberar serán sus propios verdugos porque, como ellos, no saben más que de traiciones y trampas.

Los que financiaron y usufructuaron el conflicto armado quieren seguir viviendo en él y de él. Aunque hablan de democracia y se han servido de ella para llegar al poder, solo saben de difamación, amenazas, torturas y asesinatos, incapacitados ideológicamente a aceptar la diversidad y las diferencias en el pensar, decir y hacer. Quieren mantenernos en un mundo desigual, en el que solo ellos, con la fuerza de sus amenazas y crímenes, sean los que estén arriba.

Anquilosados en sus ideas, gritan y claman soberanía, abrazando la bandera con la estrella de David, que es la de otro Estado, imaginando que con ella entrarán a su falso cielo. Dicen exigir respeto a la soberanía nacional pero, en lugar de consultar al único soberano, que es pueblo de Guatemala, con dinero mal habido pagan millones para que otro Estado, otro Gobierno, les quite de enfrente a quienes les persiguen por asesinos, corruptos y corruptores.

Tal parece que viviremos los seis meses más decisivos de nuestra historia reciente. De cómo participemos en las elecciones que se avecinan, y de qué manera transformemos desde el fondo el Congreso de la República dependerá, por lo que parece, nuestro futuro inmediato y el de nuestros descendientes.

Fuente: gazeta.gt


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