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“Tinta en sangre, hermosa bandera”
por Gustavo Berganza - Guatemala, 2 de septiembre de 2004

La posesión de la tierra es un asunto de supervivencia.

Antes de que el filólogo José María Bonilla modificara la letra del Himno Nacional, la segunda estrofa cantaba “Tinta en sangre tu hermosa bandera / de mortaja al audaz servirá”. En la finca Nueva Linda, el emblema patrio se ha manchado con la sangre no de intrusos extranjeros, sino de guatemaltecos, en un episodio más de esta guerra interminable entre los que tienen y los que no tienen.

El conflicto en Retalhuleu es sumamente complejo. Va más allá de una simple defensa del derecho de propiedad, porque encarna las expectativas frustradas de acuerdos que no han sido honrados a cabalidad y que, por lo tanto, en muchas áreas de la convivencia social no han logrado superar las causas de la enorme conflictividad que se vive en Guatemala.

En un país como el nuestro, en donde más de la mitad de la población está asentada en áreas definidas por el censo como rurales, la posesión de la tierra es un asunto de supervivencia. Las disputas por problemas de linderos entre pequeños propietarios pueden derivar en razzias que se prolongan por generaciones. Y ya no digamos el afán por ampliar latifundios, que derivó en la esclavización de hecho de comunidades enteras a manos de terratenientes.

El problema ha sido superado en otros países gracias a inversiones masivas en educación y a apertura de nuevas fuentes de trabajo. En Guatemala, infortunadamente todavía uno de cada tres niños que ha cumplido los siete años, no está inscrito en la escuela y, lo que es aún peor, en el área rural “de cada diez niños que entran a primer grado, sólo seis terminan el tercer grado y solamente dos se gradúan de sexto grado” (Informe de Desarrollo Humano, 2002). Ante esa imposibilidad de ampliar sus horizontes de conocimiento y sin las herramientas para mejorar de condición laboral y de ingresos, lo único que les queda es aferrarse a la tierra y a la agricultura para poder sobrevivir. Y quienes carecen de este recurso de producción, pues no dudarán en prestar oídos y creer en quienes les prometen conseguírselo.

Luego de la tragedia del martes pasado, lo que le resta al gobierno no es intensificar la represión en los desalojos, sino insistir en el diálogo pacífico. Esto no es una señal de debilidad, como quieren hacer creer algunos sectores interesados, sino muestra de una voluntad para encontrar soluciones negociadas a problemas centenarios. Aparte de eso, la masacre de Nueva Linda es una llamada de atención para que el gobierno se apresure a afinar las metas y políticas de su plan “Guate Solidaria”. Junto a la promoción de un mejor clima para hacer negocios debe ir también el esfuerzo por mejorar las condiciones de vida de los más pobres. De otra manera, como decía la versión antigua del Himno Nacional, no se logrará arrancar a la patria “del potro sangriento” al que todavía permanece aferrada.

Tomado de www.elperiodico.com.gt


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