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La patria que yo ansío
Por Gustavo Berganza - Guatemala, 13 de septiembre de 2004

Es una casa secuestrada por sus elites.

En 1962, en el súmmum de la histeria anticomunista, inmerso en un sistema que ahogaba la diversidad política y pugnaba por mantener intactas las centenarias estructuras excluyentes, temporalmente sacudidas por la Revolución del 44, un joven poeta, oriundo de Jalapa, de nombre Julio Fausto Aguilera, revelaba a sus contemporáneos la visión de una Guatemala distinta a la que se vivía en ese momento: /La patria que les digo, la que ansío,/ la que será, pues, la defino y canto–/, porque el trabajo es luz, es gozo:/ no conoce ni al mendigo ni al parásito./

Esa patria que Julio Fausto imaginó es “una hermosa casa (?) que todos afanosos levantamos”. En ella “los comillos del hambre no se ensañan” porque “la patria que persigo es la justicia/castigando con limpio brazo./ Fusil sin mancha, espada limpia blanca;/ no ejerce la venganza ni el agravio./”. Poco hemos avanzado hacia esa utopía imaginada por Julio Fausto. En 183 años de vida independiente, los guatemaltecos no hemos sido capaces de evitar que haya “más hermanos en el abandono” y “honradas manos sin trabajo”. Todavía la patria es una casa secuestrada por sus elites, que se afanan por impedir que la riqueza no se escape del penthouse del que habla Edelberto Torres Rivas, donde el 1.5 por ciento de la población más rica recibe un ingreso que es 384 veces mayor que el de quienes viven en el nivel más pobre de la sociedad.

Las elites guatemaltecas han sido tan ineptas que, a diferencia de sus homólogas costarricenses, no entendieron a tiempo la necesidad de invertir parte de los beneficios del boom cafetalero en educación pública, salud preventiva y salarios dignos. Y no todavía cuestionan los beneficios de un modelo político más inclusivo, algo que en Costa Rica adoptaron ya desde 1948.

El producto de la ineptitud de nuestras elites ha sido un rosario de gobiernos represivos, militarizantes y militarizados y, luego, cuando se desprestigió el autoritarismo, una serie de regímenes corruptos y, para mayor inri, vacilantes sobre las actitudes a asumir ante las nuevas realidades que afronta el Estado guatemalteco.

No. Verdaderamente las elites que dirigen al país todavía no encuentran respuesta para “los brazos y las bocas que desmayan/pidiendo por sus vientres sin bocado.” Si no, a estas alturas de vida independiente, San Marcos no tendría 1.3 millones de pobres y 14 de sus 29 municipios con 9 de cada 10 habitantes viviendo por debajo del umbral de pobreza.

No es ese tipo de casa la que quisimos construir el 15 de septiembre de 1821, no es sino un “hogar que se construye y se embellece/sin un ocioso ni un privilegiado”. Lamentablemente, esa patria no existe más que en mi sueño desvelado.”

Ojalá que no tarde en llegar. Ojalá, como dice Julio Fausto, rompa el cantil y sepulte su veneno. Ojalá se transforme en “perdón y vida” en el “alba de un día sin rencor, día de hermanos”.

Un abrazo esperanzado para todos, en las vísperas del cumpleaños de la patria.

Tomado de www.elperiodico.com.gt


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