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Diarios de motocicleta
Por Gustavo Berganza - Guatemala, 13 de septiembre de 2004

Un episodio de la juventud del “Che” Guevara, cuando todavía no pensaba en convertirse en revolucionario.

Es como que si el Che nunca hubiera muerto. A casi cuatro décadas de haber sido asesinado por el Ejército boliviano, la famosa foto que le tomó Alberto Korda, en 1960 en La Habana, de boina y barba, nos lo muestra en una plenitud vital que se niega a encuadrarse en los afiches, camisetas y gargantillas con que ahora lo comercializa el sistema económico contra el que tanto luchó.

Ahora Diarios de motocicleta, la más reciente película del director brasileño Walter Salles (el mismo de Estación Central, que seguramente usted ya habrá visto en Cinemax), presenta al Che en la etapa previa a su conversión revolucionaria, a los 23 años, cuando era estudiante de Medicina. Aquí, un Guevara imberbe y sin mayor experiencia ni conocimiento vital, emprende un viaje que lo llevará a atravesar América del Sur, desde Buenos Aires a Caracas, pasando por Tierra del Fuego y Chile, en compañía de su amigo el bioquímico Alberto Granados, siete años mayor que él.

Para el guión, Salles utilizó impresiones del propio Guevara, recogidas bajo el título de “Notas de viaje” y el libro Con el Che por Sudamérica, escrito por Granados. El resultado es una película de aventuras y de iniciación, que muestra cómo un viaje puede influir tan decisivamente en la vida de dos jóvenes de clase media, poco enterados ambos de lo que acontece fuera de su círculo social.

En el efecto tan agradable que causa la cinta influye sobremanera la inteligencia con que está construida la historia. Aquí los jóvenes son jóvenes, y como tales, divertidos, curiosos con las hormonas a flor de piel. Al ritmo tan apropiado con el que fluye la historia se suma la espectacularidad de las imágenes que codifican el trayecto. América del Sur es un paisaje memorable, en donde resaltan dolorosamente las desigualdades y las injusticias que sufren sus habitantes. El joven Guevara y su amigo Alberto, caracterizados magistralmente por Gael García Bernal y Rodrigo de la Serna, van experimentando y aprendiendo de una realidad que les divierte, les sorprende y, al final, terminó por subyugarles. Entre los jóvenes hay contrastes: Guevara es más dado a la introspección que Granados, bailarín, jugador y bromista.

Diarios de motocicleta es, entonces, un retrato del Che distinto del que estamos acostumbrados a ver. Es una película plena de espontaneidad y rica en el retrato de sus personajes. Es una cinta tan efectiva y tan diestramente realizada que uno termina por rendirse ante la simpatía y el carisma que proyectan sus protagonistas. Dan ganas de salir corriendo del cine a comprar los textos originales.

Cuando llegue a Guatemala, no deje de verla. Se la recomiendo.

Tomado de www.elperiodico.com.gt


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