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EE.UU., más y más a la derecha
Por Gustavo Berganza - Guatemala, 5 de noviembre de 2004

En este marco político, las creencias están por encima de las evidencias.

George W. Bush ganó las elecciones, no porque haya logrado conjuntar una coalición plural de políticas e intereses. Ganó porque su discurso y sus propuestas exacerbaron el espíritu conservador latente entre los estadounidenses.

La victoria de Bush confirma, además, el lento pero sostenido desplazamiento del electorado estadounidense hacia una modalidad de derecha que no ve contradicciones en impulsar la total libertad de mercado, mientras se aferra al proteccionismo interno. Esta variante de pensamiento conservador propugna por una acción cada vez más reducida del Estado en la inversión social, pero a la vez quiere otorgarle mayores poderes para apoyar la religión, restringir los derechos de quienes no son heterosexuales, denegar recursos para ejercer una sexualidad responsable y limitar el derecho de las mujeres a terminar un embarazo.

En este marco político, las creencias están por encima de las evidencias. Tres de cada cuatro de quienes votaron por Bush lo hicieron con la convicción de que Saddam Hussein apoyaba los esfuerzos de Osama bin Laden y, por ello, era legítimo invadir Irak. Y la abrumadora mayoría de quienes consideran a las creencias religiosas como un elemento vital para gobernar, se inclinaron a favor del mandatario republicano.

La reelección de Bush confirma también que el 51 por ciento de los ciudadanos estadounidenses apoyan la idea de que su país está por encima de cualquier orden jurídico internacional. Para ellos, Bush ha hecho de su país un lugar más seguro para vivir.

El segundo período de Bush II, si bien se logró con una ventaja de apenas uno punto sobre su competidor, se fortifica con la ampliación de la mayoría republicana en el Congreso. En el Senado, el partido oficial suma cuatro escaños más y otro número igual en la Cámara de Representantes.

La agenda conservadora no puede estar en mejores manos. Si no, que lo diga el nuevo senador por Oklahoma, Tom Coburn, quien, según menciona la columnista Maureen Dowd del New York Times, es de la idea de aplicar la pena de muerte a los médicos que practiquen abortos. O el nuevo senador por Georgia, Johny Isakson, que orgullosamente dice en su currículum: “La American Rifle Association le otorgó una “A” por su récord de votación (en la Cámara de Representantes) a favor del derecho (irrestricto) a poseer armas”. O el delegado de Florida a la Cámara Alta, Mel Martínez, quien dará su apoyo únicamente a aquellos jueces que no se opongan a expresiones públicas de religiosidad dentro del sistema educativo.

Con el control del Congreso y una opinión pública creciente, exigiendo enmendar los yerros liberales, el segundo gobierno de Bush tiene todo a su favor para hacer de Estados Unidos el equivalente occidental de lo que es Irán para los musulmanes.

Tomado de www.elperiodico.com.gt


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