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Y ese Bush, ¿ qué se cree?
Por Gustavo Berganza - Guatemala, 23 de noviembre de 2004

Lo ha de haber visto usted en los telenoticiarios. Ahí está él, de espaldas, forcejeando con los agentes de seguridad del gobierno chileno. No es que tuviera la intención de colarse a una reunión a la que no le correspondía asistir. No, lo que esa escena muestra es al presidente estadounidense George W. Bush jalando del brazo a uno de sus guaruras para abrirle paso a la cena que le ofrecía el mandatario chileno Ricardo Lagos.

Las reglas de protocolo no permiten la presencia de guardaespaldas en este tipo de actividades. Y, mucho menos, de armas. Los agentes chilenos tenían sus instrucciones, así que vedaron el acceso al Palacio de La Moneda a los guardaespaldas de Bush. Cuando Bush se dio cuenta, retornó a la calle para, entre jalones y empujones, forzar la entrada para uno de los agentes que le cuida su imperial retaguardia.

El suceso muestra cuán abusivos y prepotentes son los políticos y funcionarios estadounidenses cuando arriban a otros países. Aquí en Guatemala tenemos una larga experiencia de esas conductas malcriadas y descorteses. Por fortuna, en algunas ocasiones muy contadas, no han quedado sin réplica, como la vez que el presidente Juan José Arévalo declaró non grato al embajador Richard Patterson; Patterson, según cuenta el finado Presidente en sus memorias, era un individuo que carecía de la prudencia y tacto necesarias para ejercer el cargo. Otras, los guatemaltecos hemos tenido que soportarlas estoicamente, como cuando debemos hacer alguna gestión en el Consulado de los Estados Unidos. No sólo el antiestético búnker ha hecho metástasis como un cáncer maligno, apropiándose de calles y edificios, sino además los funcionarios que otorgan las visas se empeñan exitosamente en humillar y denigrar a muchos de los solicitantes.

En Chile, el gobierno del presidente Lagos ha sabido guardar una actitud muy digna ante el Imperio. La semana pasada, por ejemplo, canceló una cena de Estado en honor de Bush. A los chilenos les incomodaba la perspectiva de que el Ejército de agentes del servicio secreto que acompañan a Bush pediría instalar un detector de metales, operado por ellos mismos, en la entrada del Palacio de La Moneda y así poder inspeccionar a los asistentes. Según el matutino La Segunda, al anunciar la cancelación del banquete, el presidente Lagos les dijo a sus colaboradores: “No dejaré que le hagan eso a mis invitados”.

La actitud de los chilenos muestra que no hace falta ser grosero para poner en su lugar a los abusivos y malcriados, por muy que éstos sean George W. Bush y hayan sido reelectos para presidir al país más poderoso de la tierra. No es casualidad que esto haya acontecido en uno de los países que más vehementemente se opuso en el Consejo de Seguridad a la intervención estadounidense en Irak.

Tomado de www.elperiodico.com.gt


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