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El obispo agitador
Por Gustavo Berganza - Guatemala, 18 de enero de 2005

El obispo Ramazzini, sí conoce de cerca los problemas de los que habla.

Para la derecha criolla, Álvaro Ramazzini, obispo de San Marcos, es un obstáculo para validar una globalización que tiende a ignorar las necesidades de los más pobres.

En los 26 años que Ramazzini ha dirigido la diócesis de San Marcos, ha conocido de cerca los más graves problemas que afligen a la sociedad guatemalteca y sabe del pernicioso efecto de las respuestas que el gobierno y la sociedad han tratado de darles.

Y luego, en una zona en la que los latifundios agroexportadores empujaron a los campesinos a una economía de sobrevivencia, el obispo Ramazzini se ha erigido en la voz más autorizada para postular una nueva política agraria nacional. Ramazzini habla de la necesidad de implementar programas de apoyo al campesinado, que capaciten, financien y estimulen la producción local. En cuanto a los campesinos asalariados y sin tierra, propugna por el pago de jornales más dignos y también por una forma de reforma agraria para redistribuir la tierra que no está siendo utilizada.

La lucha de Ramazzini por los más pobres es lo que uno esperaría de alguien cuya provincia eclesiástica es una de las más desfavorecidas del país. En San Marcos, nueve de cada diez habitantes viven en situación de pobreza. La población total que vive en extrema pobreza, es decir, que no tiene ingresos para satisfacer sus necesidades más básicas, alcanza el 61 por ciento. En 9 de los 29 municipios de los que consta este departamento, el porcentaje de población en extrema pobreza supera el 70 por ciento.

La lucha de Ramazzini le ha acarreado ya no pocos enemigos. En varias oportunidades, ha recibido amenazas de muerte y sus oficinas en San Marcos han sido objeto de allanamientos. A los terratenientes les irrita que el obispo Ramazzini exija soluciones pacíficas para las frecuentes ocupaciones de fincas que ocurren en esa región.

Más recientemente, el prelado emprendió una campaña para promover el comercio justo (fair trade). En ese contexto, Ramazzini ha realizado giras en Estados Unidos para que las cuatro corporaciones que controlan el mercado del café (Nestlé, Procter Gamble, Philip Morris y Sarah Lee) privilegien la compra del grano en fincas donde los campesinos reciben salarios justos y en donde la producción se realiza salvaguardando el medio ambiente.

Es lógico que como una derivación de este trabajo, en el que la defensa ecológica está vinculada a la lucha por los derechos de los campesinos, el obispo se haya implicado en el tema del CAFTA y en la minería a cielo abierto. Al obispo le preocupa que el entusiasmo empresarial y mediático por el tratado con EE.UU. ignore la necesidad de crear redes de protección para quienes sufrirán el impacto de la invasión masiva estadounidense que se avecina. Y también manifiesta su alarma por la indiferencia del gobierno actual ante los riesgos que genera la minería a cielo abierto.

Como bien dijo ayer Carolina Vásquez, en Prensa Libre, el régimen actual en lugar de pelearse con Ramazzini debería prestar más atención a sus argumentos. El obispo Ramazzini, a diferencia de muchos de quienes lo difaman, sí conoce de cerca los problemas de los que habla. Y además, tiene propuestas viables para solucionarlos.

Tomado de www.elperiodico.com.gt


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