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Comcel, torcida y oscura
Por Gustavo Berganza - Guatemala, 21 de enero de 2005

La imagen de Comcel es fruto de una manera de actuar.

Torcida como la raíz de un amate y oscura como una noche sin luna. Así ha sido siempre la relación de Comcel con quienes usufructúan el gobierno en Guatemala.

Cuando Vinicio Cerezo le abrió las puertas a la privatización de servicios públicos y empresas estatales, lo hizo utilizando estrategias que generaban sospechas.

Por ejemplo, la venta de la mayoría de acciones de la Empresa Nacional de Aviación Aviateca no fue realizada como consecuencia de una subasta pública, sino como el fruto de negociaciones secretas en el gobierno y TACA.

Y la apertura del espectro radioeléctrico para erigir, temporalmente, a Comcel en un monopolio en telefonía celular fue también orquestada en negociaciones que nunca fueron suficientemente explicadas a los guatemaltecos. En un momento en el que en otros países se abrían a competencia las diversas bandas de telefonía inalámbrica, el gobierno democrata-cristiano de Vinicio Cerezo otorgó a Comcel la banda B en concesión durante diez años. Durante ese tiempo, solamente Guatel podría, si lo deseaba, entrar al mercado celular.

Cuando el régimen de Jorge Serrano licitó la banda A, con lo cual se abriría la posibilidad de otra empresa que competiría con Comcel, el proceso se vició de tal manera que hubo de anularse el concurso. En esa oportunidad se dijo que Comcel había maniobrado para impedir y abortar la licitación.

Las presiones de otros grupos empresariales llevaron a la promulgación, en 1996, de la Ley General de Telecomunicaciones, que abrió la posibilidad de privatizar la telefonía terrestre y flexibilizó el otorgamiento de bandas para telefonía celular. El 13 de agosto de 1998, el gobierno de Álvaro Arzú licitó tres frecuencias para servicio de telefonía móvil. Eso marco el fin del monopolio de Comcel y la entrada al mercado de Telefónica, dos años más tarde.

Probablemente, lo que condicionó el estilo de cultura corporativa en Comcel haya sido la manera como entró a Guatemala y luego, el afán por preservar su situación monopólica. En la memoria institucional de esta telefónica quedó grabado el mensaje de que para hacer negocios en este país se necesitaba repartir dinero por todos lados, en especial entre funcionarios públicos, congresistas y, no es de extrañar, periodistas.

Los cinco cheques millonarios que Comcel giró en 1999 y 2000 a favor de Julio Girón, César Medina y Luis del Pinal eran parte del temor de esta compañía de perder su concesión. La única manera viable que veía en asegurarla, congruente con las estrategias que había utilizado en el pasado, era comprar la voluntad del gobierno del FRG. El FRG retribuyó el pago apresurando la renovación de la concesión sobre la banda B sin siquiera sacarla a licitación. En esa oportunidad, la ministra de Comunicaciones, Flora de Ramos, que por ley debía opinar, fue ignorada.

O sea, la ruina de la imagen de Comcel no es fruto de un accidente fortuito y eventual, sino la consecuencia de una manera de actuar que, desde el principio, fue torcida y oscura.

Tomado de www.elperiodico.com.gt


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