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Enviciados con el militarismo
Por Gustavo Berganza - Guatemala, 25 de enero de 2005

Esto retardará aún más el desarrollo de una doctrina social de seguridad nacional.

Las voces más conspicuas de la derecha exigen mano dura al gobierno. No puede ser posible, dicen, que el Ministro de Gobernación y el jefe de la Policía tengan las manos atadas para aplicar toda la fuerza represiva del Estado a esos grupos que se atreven a manifestar sus reclamos públicamente.

Al fastidio que les causan las demostraciones públicas de inconformidad de colectivos sociales en contra de políticas que impulsa el actual régimen, se une la amenaza real de una delincuencia que mantiene en jaque a los guatemaltecos. Es un fenómeno ante el cual los encargados de la seguridad ciudadana no han sabido reaccionar para disminuirlo.

En este clima, en el que se entremezclan los deseos de cerrarle el espacio a los grupos subalternos, para hacer conocer sus demandas con la necesidad de mostrar que la violencia común y organizada no ha cuarteado el ánimo de quienes nos gobiernan, surge nuevamente la idea de incorporar cuadros militares en la Policía Nacional Civil (PNC). Una idea que muestra cuán fuerte es todavía la mentalidad contrainsurgente en las élites nacionales.

Algunos colegas se han referido a la situación de urgencia que afronta el país, la cual, indudablemente, se ha visto agravada con decenas de asaltos en los que grupos de atracadores demuestran las grandes facilidades que tienen para asaltar y la impunidad con que se mueven en las carreteras de Guatemala. Y, por otra parte, en la derecha del cuadrante, quienes apoyan esta contratación de oficiales militares, seguramente abrigan la esperanza de que la PNC descartará de plano el diálogo como estrategia para hacer cumplir la ley.

No creo que en un momento en el que se pretende reducir el tamaño del Ejército y, con ello, erradicar su influencia de áreas ajenas al ámbito castrense, sea conveniente promover la remilitarización de la seguridad ciudadana. El hecho de que estos oficiales, a quienes se desea contratar dentro de la PNC, estén en situación de retiro, no implica que hayan cortado toda relación personal e ideológica con su alma máter. El Ejército es ese tipo de institución total que, como las órdenes religiosas y los presidios, dejan un sello indeleble en quienes han pasado por ellas. El hecho de convivir 24 horas diarias en cotos cerrados al resto de los mortales y ser indoctrinados en valores, costumbres, creencias y conductas cualitativamente distintas de los civiles, los marca para toda su vida.

Llevar militares a la PNC retardará aún más el desarrollo de una doctrina civil de seguridad nacional, democráticamente concebida, y malogrará la profesionalización y fortalecimiento de las entidades encargadas de aplicarla.

Insisto, un militar no deja de serlo simplemente porque deja de vestir el uniforme. Y dada la experiencia que Guatemala ha tenido con el militarismo, no creo que por muy en trapos de cucaracha que esté la PNC, sea una medida inteligente retornar esta institución al control de oficiales retirados. Eso es equivocar el camino.

Tomado de www.elperiodico.com.gt


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