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Nineth
Por Gustavo Berganza - Guatemala, 1 de febrero de 2005

Ella la que puede explicar a los medios y a las elites económicas con las que se vincula, la importancia que tienen los partidos dentro de un sistema democrático.

Hay dos mujeres en el Congreso cuya presencia no pasa de ninguna manera inadvertida para los guatemaltecos: Anabella de León y Nineth Montenegro.

Las dos, ha diferencia de lo que acontece con sus colegas, han sabido asumir la representación de expectativas sociales. Anabella de León, tal vez de una manera un tanto oportunista, se apropia de acontecimientos noticiosos y trata de imprimirles su dinámica personal. Nineth Montenegro, por el contrario, lleva una línea temática más constante y alejada de vaivenes mediáticos, la cual se ha convertido en parte inherente de su personalidad: la fiscalización del gasto militar.

Tanto De León como Montenegro se han expuesto, en su momento, a la crítica áspera de los sectores que no comulgan con sus finalidades y, sobre todo, con las estrategias que utilizan para lograrlas.

Aunque las dos son verdaderas estrellas mediáticas, y reciben cotidianamente una cobertura mayor que la que logran otros legisladores, es evidente que Montenegro tiene muchas más simpatías que De León y, lo que es más importante, acceso a varios de los cenáculos donde se congregan las elites del poder en Guatemala.

La afortunada conjunción entre sus intereses políticos y los intereses de los medios y de algunos grupos de poder ha contribuido a que el trabajo de Montenegro como congresista haya tenido un impacto visible en redefinir el papel del Ejército dentro del gobierno. Es indudable que a ella y a la extensa divulgación que recibieron sus reportes sobre la ejecución financiera del Ministerio de la Defensa se les debe la reducción en la autonomía castrense y los ajustes que ha habido en número de oficiales y tropa.

A pesar de la indiscutible relevancia de esta diputada fuera del Congreso, lo cual puede comprobarse con el número de votos que recibió para ser reelecta y el tratamiento preferencial que recibe en los medios, Montenegro no ha podido conformar un grupo estable de trabajo dentro del Legislativo. Su trabajo es el de una francotiradora, efectiva, es cierto, pero solitaria y no el de una líder que conjunte y organice iniciativas colectivas, como in illo témpore lo hizo al frente del Grupo de Apoyo Mutuo (GAM), luego de que María del Rosario Cuevas fuera asesinada.

Montenegro, con la simpatía que genera, puede contribuir decisivamente a cambiar la imagen que de la política y los políticos tienen los guatemaltecos. Ella puede erigirse, por ejemplo, en la gestora de los acuerdos necesarios para completar las reformas a la Ley Electoral y de Partidos Políticos, reformas que en la actual coyuntura resultan cruciales para el adecuado funcionamiento del sistema político guatemalteco. Pero además, lo que en mi opinión es más importante, es ella la que puede explicar a los medios y a las elites económicas con las que se vincula, la importancia que tienen los partidos dentro de un sistema democrático y la perentoria necesidad de no promover su destrucción.

Ojalá la iniciativa que Nineth amadrina en estos días vaya en esta dirección. Ojalá no se convierta en una nueva cuña personalista que impida el desarrollo de organizaciones políticas estables, abiertas y con representatividad.

Tomado de www.elperiodico.com.gt


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