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Bolivia, la democracia ineficaz
Por Gustavo Berganza - Guatemala, 10 de junio de 2005

La clase política ha mostrado una ineptitud colosal

El gran problema de la mayoría de democracias latinoamericanas es su incapacidad para hacer frente a las necesidades de sus ciudadanos. Esta es una de las fallas que resalta cuando se analizan los casos de Bolivia, Ecuador, Nicaragua y Guatemala.

Las restauraciones constitucionales en estos países se dieron en el infortunado momento en que la crisis económica de los 80 mantenía de rodillas a países que no habían logrado consolidarse con un estado fuerte, una burocracia profesional y una buena capacidad para extraer impuestos para financiar y ejecutar obra básica. A esta infortunada conjunción, se sumaron la emergencia de una corriente ideológica que postulaba el desmantelamiento del Estado y su cesión a la iniciativa privada y la ausencia de una clase política autónoma y, también, ineficaz en la administración del Estado.

Los casos de Bolivia y Ecuador resultan sumamente chocantes no sólo por la relativa reforma que experimentaron esos estados en la década de los 90, durante la cual estructuras excluyentes y racistas se abrieron para incorporar a los grupos indígenas (59 por ciento en Bolivia y 39 por ciento en Ecuador), sino también por el hecho de ser países sumamente ricos en recursos. Ecuador produce diariamente más de medio millón de barriles de petróleo en tanto que Bolivia tiene la segunda reserva de gas natural más grande de Sudamérica, superada únicamente por Venezuela.

Centrémonos en Bolivia, un país que fue un laboratorio en el que el FMI experimentó libremente sus políticas de “ajuste estructural” a finales de la década de los 80: reducción del gasto público, liberalización total de la economía, devaluaciones sostenidas de la moneda, “flexibilización” del mercado laboral, privatización de empresas estatales.

En los casi 20 años que duró el mantenimiento de esta política, el país no ha experimentado esa transformación dramática que prometía la receta del FMI. La mayoría de empleos nuevos que se crearon, 7 de cada 10, fueron en el sector informal. Cuando uno ve las cifras relativas al crecimiento en el consumo de electricidad, mortalidad infantil, desnutrición, porcentaje de carreteras pavimentadas y crecimiento de las exportaciones, Bolivia casi no ha avanzado casi nada desde 1999. Y a pesar de las condiciones tan favorables que se crearon para la inversión extranjera, el flujo de capital se redujo en más de un 75 por ciento entre 2002 y 2003.

O sea, aparte de que la clase política ha mostrado una ineptitud colosal para canalizar y resolver los conflictos, es evidente que el modelo económico vigente no funcionó, por mucho que la oligarquía de Santa Cruz -que controla el Congreso- se empeñe en decir lo contrario.

Para Bolivia era ya tiempo del cambio. Aunque las circunstancias actuales no permitan asegurar si lo que se avizora en el horizonte tenga las respuestas que el país exige…

Tomado de www.elperiodico.com.gt


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