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Cordura en un mar de insensatez
Por Gustavo Berganza - Guatemala, 24 de junio de 2005

Enfrentar a la maras requiere algo más que represión.

La estrategia para combatir a las maras elaborada por la Comisión Presidencial de Derechos Humanos (Copredeh) representa un paso positivo para afrontar este flagelo social.

La iniciativa, que propone mediante la prevención, la persecución legal y la rehabilitación, es un paso radicalmente distinto de la manera tan inefectiva que han elegido los gobiernos de Honduras y El Salvador.

En Honduras, por ejemplo, las reformas impulsadas por el gobierno hacen que la simple sospecha de que una persona pertenezca a una pandilla sea suficiente para llevarla a juicio y condenarla a prisión durante doce años. La ley catracha es tan antediluviana que señala como causal de detención el simple hecho de lucir un tatuaje.

A pesar del efecto seductor que tiene una ley como la hondureña para algunos políticos locales -Otto Pérez Molina y su alero Roxana Baldetti, diputados ambos del Partido Patriota intentaron hacer aprobar en Guatemala una monstruosidad jurídica similar en febrero pasado- la normativa ha sido contraproducente. Las cárceles hondureñas se llenaron hasta reventar y fueron el escenario de dos sangrientos motines en abril de 2003 y en mayo de 2004. Pero además, tal como reporta la periodista Ana Arana en un artículo publicado en la última edición de Foreign Affairs (Vol 84, No. 3), a partir de la promulgación de esas leyes represivas, se operó una renovación en el liderazgo de las maras. A la dureza de la represión policial se atribuye también que las pandillas se hayan lanzado a retar abiertamente al Estado, tal como sucedió en diciembre pasado, cuando la Mara Salvatrucha atacó un bus extraurbano en Honduras. En el lamentable incidente, ustedes recordarán, resultaron muertos 28 de los pasajeros, en cuenta varios niños, mujeres y ancianos.

Y en El Salvador, luego de la promulgación de la ley se produjeron con más frecuencia asesinatos en los que las pandillas desmembraron a sus víctimas.

Tal como dice el artículo de Ana Arana, las estrategias más efectivas se han visto en la ciudad de Los Ángeles, en San José California y en Baltimore, en donde a la par de detenciones y consignaciones a los tribunales, se han puesto también en práctica programas preventivos y de apoyo para estimular a los jóvenes a que deserten de las pandillas. En los programas preventivos se ha combinado la acción de vigilancia de los vecinos, que colaboran con la policía denunciando hechos ilegales, con financiamiento a escuelas y organizaciones no gubernamentales para instituir programas en los que los jóvenes puedan utilizar su ocio de una manera constructiva. Finalmente, el tercer eje de la estrategia lo constituye el trabajo social para convencer a los jóvenes a desertar. Este aspecto del programa ofrece no sólo capacitación para el trabajo sino también protección contra eventuales represalias de las maras.

Copredeh merece una felicitación por haber convencido al Presidente de apoyar esta iniciativa tan sensata. Ojalá que reciba el apoyo político y financiero necesario para que tenga éxito.

Tomado de www.elperiodico.com.gt


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