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Democracia o inversión: falso dilema
Por Gustavo Berganza - Guatemala, 8 de julio de 2005

La consulta no pone en solfa al Estado de Derecho.

El acalorado debate surgido a raíz de las consultas populares en Sipacapa y Río Hondo ha vuelto a pintarnos de cuerpo entero como los maniqueístas que somos. Unos han dicho que estos ejercicios democráticos ponen en peligro el Estado de Derecho. Otros han dicho que con esas votaciones, se desalienta la inversión privada. Y otros más han expresado su temor de que con estas consultas nos estamos condenando al subdesarrollo. O sea, se plantea un falso dilema entre desarrollo y democracia, entre inversión pública y participación ciudadana.

En mi opinión, la consulta no pone en solfa al Estado de Derecho (el Código Civil y el Convenio 169 respaldan su realización), tampoco nos lleva a la ingobernabilidad ni pasa por encima del derecho (más bien, nos acerca más a ambos) y no creo que le dé un portazo en la cara a la inversión productiva.

En términos de desarrollo institucional, las votaciones de Sipacapa y Río Hondo han logrado en escasos tres meses lo que no se había conseguido con dos décadas de leyes y arreglos burocráticos: se ha conseguido una efectiva descentralización de la toma de decisiones. Lo cual es positivo, porque, como bien dicen los teóricos de la escuela de la opción pública, para resolver un problema municipal la mejor perspectiva la tiene quien vive en ese municipio y lo padece, que el burócrata que lo discute, a 200 kilómetros de distancia.

Oponerse al establecimiento de una excavación minera o a la construcción de una planta hidroeléctrica no necesariamente implica, que los habitantes de esas localidades se opongan a la inversión productiva privada ni, mucho menos, al desarrollo. La boleta en la que externaron su posición no decía: ¿“Está usted en contra de los empresarios? ¿Se opone usted a que se creen fuentes de trabajo? ¿Quiere usted que el país siga siendo miserable?

Por otra parte, contrariamente a lo que mi buen amigo Francisco Beltranena escribió el martes pasado en Prensa Libre, las consultas populares no son un preludio a lo que sucede en Bolivia. La estrategia utilizada por las entidades que las promovieron ha sido, precisamente, canalizar el conflicto por medio de los mecanismos que la legislación vigente establece. Para hacerse oír, esta vez los quejosos no han recurrido a bloqueos de carreteras ni a ocupaciones de fincas.

¡Que no nos asuste la democracia! Los referéndums no fueron inventados por los ex guerrilleros ni son ellos los únicos que los promueven. Han sido utilizados con frecuencia en Estados Unidos para bloquear proyectos que las comunidades consideran contrarios a sus intereses. Un ejemplo reciente lo constituye la votación realizada en Inglewood, California, con la que se rechazó, el pasado 7 de abril, la construcción de un súpercentro Wal Mart.

Talvez lo que conviene de ahora en adelante es establecer una mejor comunicación entre la empresa privada y las comunidades y atender sus temores. Responsabilidad social corporativa le dicen en la literatura de negocios…

Tomado de www.elperiodico.com.gt


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