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“Dulce Dalila”
Por Gustavo Berganza - Guatemala, 22 de julio de 2005

Es un videocómic local con verdadero alcance global.

'Sweet Dalila' es la sensación de la red. Christian Van der Henst ha trabajado duro para promover a la nueva estrella de la cultura guatemalteca. Dese usted una vueltecita por Google o por Lycos y verá como este master entre los administradores de sitios web ha logrado enchufar a la mujer neoliberal del momento, para que pueda entrarse al sitio desde una multiplicidad de lugares. Dalila es un videocómic local con verdadero alcance global.

El formato elegido remonta sus antecedentes a la antigua literatura de cordel, esas breves historias que se vendían por centavos, de pueblo en pueblo. Como la literatura de cordel en su tiempo, este videocómic es accesible para todo aquel que tenga conexión a internet, y su narrativa se entiende sin mayores esfuerzos, a lo largo de sus diferentes entregas. A diferencia de las radio y telenovelas (el sucesor electrónico de las narraciones por entregas), cada capítulo de Sweet Dalila no es en realidad un capítulo, sino una historia independiente, con sentido en sí misma. Quien entra al capítulo 9 -que es el que corresponde a esta quincena- no necesita ver los episodios precedentes para entender el contexto en el que se desenvuelve esta desalmada mujer.

Dalila me recuerda a The bride, el personaje que encarna Uma Thurman en las dos entregas de Kill Bill, de Quentin Tarantino. Y en muchos aspectos, el sentido de humor tan negro y la ironía con que Mendel Samayoa, el creador de la serie, afronta el hecho cotidiano de la violencia recuerda el estilo de Tarantino y de Robert Rodríguez (El mariachi y Sin City). No quiero con esto decir que Samayoa haya sido influenciado por estos dos cineastas estadounidenses.

Más bien, lo que deseo resaltar es la ubicación de este cineasta dentro de una corriente estética post moderna. El tema y la manera como Samayoa lo desarrolla visual y verbalmente no tiene nada que envidiarle a las producciones de otros países. En términos de sensaciones, los ambientes son calculadamente realistas, para proyectar (como sucede en El Descuartizador) una impresión de sordidez pero sin despertar repugnancia, lo cual refuerza la intención irónica y lúdica del episodio. Me encanta la fotografía. El uso del blanco y negro en el vídeo es muy eficaz y, obviamente, permite trasladarlo de manera eficiente al formato de historieta. Me gusta también el manejo de cámara y la edición. Mercedes Arce esta sensacional: fría, distante, creída, “sangrona” como algunas de las mujeres neoliberales, de carne y hueso, que andan por ahí.

Creo que puede mejorarse el sonido, para que no se note demasiado que los actores han grabado sus parlamentos en tiempos distintos a la filmación. También hay que trabajar un poco más en la concepción del argumento y en la manera como se hilan sus secuencias. En un formato tan breve, el final no debe dejar de ser, como dicen los gringos, una “punch line”. Por ultimo, el sitio. Christian tiene que simplificar los comandos y eliminar “links” que no se abren, como los de las fotos y ampliar el inventario de episodios disponibles.

Dele una miradita. Verdaderamente, la dulce Dalila no tiene desperdicio.

Tomado de www.elperiodico.com.gt


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