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Un desastre racista y clasista
Por Gustavo Berganza - Guatemala, 6 de septiembre de 2005

Los medios no han tenido más que hacer protagonistas a los negros.

Katrina puso al desnudo en toda su magnitud un problema que los estadounidenses se niegan a admitir: la marginación y pobreza en que viven los afroamericanos. Porque al igual que sucede en otros países -Guatemala incluida- quienes han llevado la peor parte del desastre han sido los estratos más bajos de la pirámide social.

En nuestro país, recordemos cómo el Mitch terminó de hundir en la miseria a quienes no tenían más alternativa que vivir a orillas de barrancos o en laderas de montañas. En Nueva Orleáns, el meteoro golpeó principalmente a los habitantes de barrios pobres, negros en su mayoría, que no tenían los recursos para atender la orden de evacuación.

Luego del desastre, la nación estadounidense ha sido sacudida emocionalmente por el devastador efecto de la inundación. Pero no es solo la destrucción material lo que los ha estremecido, sino el hecho de entrar en contacto con una cara de Nueva Orleáns de la que ignoraban su existencia. Para quienes la ciudad era el Mardi Gras y el Barrio Francés, con su cocina exótica y su música exuberante, Katrina les reveló que esto no era sino el maquillaje detrás del cual prevalecía una situación generalizada de miseria y exclusión. Ha pasado a primer plano la terrible situación en la que malvive la población negra de la ciudad: uno de cada cuatro de sus habitantes subsiste por debajo de la línea de pobreza y de ellos, el 84 por ciento son negros.

Los blancos de clase media y alta pudieron cargar sus automóviles y emprender camino hacia zonas seguras. Quienes se quedaron en la ciudad carecían de medios para marcharse o no tenían otro lugar a donde ir. Esta población marginada quedó esperando un auxilio que, en muchos casos llegó tarde. Centenares de víctimas fatales murieron porque no tenían medios para ponerse a resguardo. De acuerdo con un reportaje publicado ayer por The New York Times, la proporción de hogares afroamericanos en situación de pobreza que carecen de automóvil frente a sus similares blancos es de 9 a 1. La abrumadora mayoría de víctimas son negras porque entre ellas se concentra el mayor porcentaje de pobres. Ante esa realidad, a los medios no les ha quedado más que hacer protagonistas de la noticia a quienes generalmente relegan.

La ira con la que verbalizan sus problemas es alimentada por la frustración acumulada durante tantos años de vivir en un sistema que no presta oídos a sus demandas.

La visión de las víctimas, amontonadas en estadios o muriendo en las calles, ha sacudido a una sociedad acostumbrada a verse a sí misma de otra manera y ha puesto a la defensiva a un gobierno cuya principal preocupación ha sido proteger los intereses de los más pudientes. Los problemas que acarreó el desastre son los frutos del centenario racismo y clasismo que predomina en el sur de Estados Unidos. Katrina solo los puso en primer plano y mostró que en cuestiones de padecimiento, los afroamericanos no están muy lejos de los haitianos.

Tomado de www.elperiodico.com.gt


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