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Ahora dirán que una prueba divina
Por Gustavo Berganza - Guatemala, 11 de octubre de 2005

La tragedia rebasa las explicaciones racionales.

De nuevo son los niños quienes más padecen los efectos de esta tragedia que vivimos. Decenas han muerto y decenas más han quedado huérfanos. ¿Hay alguna explicación

para esclarecer los motivos por los cuales la naturaleza se ha ensañado de esa manera con quienes son más vulnerables? Y con quienes, además, se ceba el perpetuo estado de injusticia y exclusión que se vive en Guatemala.

Los budistas, que los hay entre nosotros, dirán que es la Ley del Karma. Que quienes han muerto o han perdido en estos días sus escasas pertenencias están pagando en esta vida iniquidades cometidas en anteriores existencias. Morir soterrados o ahogados es un pequeño abono a la inmensa deuda que mantienen con el balance del Universo.

Los cristianos dirán que es una prueba más a la que nos somete una divinidad a la que, por lo visto, le encanta ensañarse con los más débiles y con quienes menos tienen. Por supuesto, dirán los de ese credo, luego del sufrimiento siempre queda la promesa del llamado, el premio póstumo en un plano superior que compensará toda una vida de explotación, humillaciones y falta de oportunidades.

Desde la perspectiva de la ciencia tampoco encuentra uno respuesta satisfactoria. En ese universo racional que hemos creado para escapar de la incertidumbre, resulta disonante el desprecio con que el Estado de Guatemala trata el conocimiento acumulado en lo que a prevención de desastres se refiere. Si ya se han documentado hasta la náusea los riesgos que afrontan quienes viven en laderas y en riberas, y hay no una sino varias estrategias para trasladarlos a lugares más seguros, ¿por qué nuestros gobernantes siguen sin poner en marcha esos planes?

Los efectos del Mitch desataron un frenesí de análisis y propuestas para evitar que los llamados “grupos vulnerables”, exquisito eufemismo para definir a niños, mujeres, ancianos, indígenas y pobres, continuaran siendo el estrato poblacional más castigado por catástrofes naturales. Sin embargo, cinco años más tarde, resulta que todo esedinero gastado en preclaras consultorías y creativas propuestas nunca halló el camino para traducirse en acciones que habrían disminuido la debacle que nos trajo Stan.

Somos un país en donde ponemos mucho empeño y dinero para conocer por qué somos como somos. Lamentablemente, cuando vemos nuestras debilidades en blanco y negro, simple y sencillamente preferimos ignorarlas, ya sea que carecemos de la plata para afrontarlas o porque las soluciones que requieren no son tan sexys políticamente hablando.

Así, dejamos que el país se siga deteriorando, sin hacer mayor cosa para erradicar la pobreza.

No basta entristecerse y regalar de lo que nos sobra, prender candelitas y soltar lágrimas de cocodrilo. Para que este país funcione hace falta comprometernos a combatir lasexclusiones. Porque esta casa racista y clasista llamada Guatemala sólo le da cobijo a unos pocos, los que más tienen, y deja a todos los demás a la intemperie.

Tomado de www.elperiodico.com.gt


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