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Los odios contra Rigoberta Menchú
Por Gustavo Berganza - Guatemala, 9 de febrero de 2007

¿Puede haber mayor muestra de racismo y machismo?

Ahora que Rigoberta Menchú ha manifestado expresamente su interés de competir como candidata presidencial y hay posibilidades reales de que un partido político la postule se ha reavivado la gran aversión que muchos ladinos mantienen hacia ella.

Desde que Rigoberta Menchú se convirtió en un ícono de la lucha por esclarecer las masacres perpetradas por el Ejército durante la contrainsurgencia, al sesgo pro castrense que prevalece en la sociedad guatemalteca se han unido el conservadurismo político, el machismo y el racismo.

Al haber sido un cuadro del EGP que luego jugó un papel crucial en denunciar los excesos del Ejército en la lucha antiguerrillera en las áreas indígenas, es algo que difícilmente le perdonarán los grupos pro militares. Cada vez que sale el tema de la ocupación de la embajada de España vuelve a reciclarse la vinculación de Menchú y de su padre y la presunta responsabilidad de este en el trágico desenlace.

La crítica pro militar está vinculada también al conservadurismo político. Menchú, una mujer de inteligencia natural e indudable habilidad para establecer redes sociales, fue crucial para que la Comisión de los Derechos Humanos de la ONU condenara los abusos del Estado guatemalteco en contra de sus ciudadanos. Apelar a la comunidad internacional es algo que en el imaginario conservador criollo atenta contra la soberanía del país. El tema de la soberanía ha vuelto a ser esgrimido porque Menchú no cesa en su afán de enjuiciar en tribunales españoles a un grupo de generales guatemaltecos a los que sindica como responsables de las matanzas durante el período contrainsurgente.

Luego está el machismo. ¿Cómo es posible que esta mujer se desenvuelva con autoridad en círculos de alta política y foros internacionales? ¿Cómo es posible que se asocie con un empresario mexicano para poner su propio negocio? ¿Por qué a ella se le abren puertas que se le cierran a los hombres?

Y por último está el racismo. Recuerden el patético intento de un grupo de ladinos locales, apoyados por Jorge Serrano para bloquear su nominación al Nobel. En aras de que la señora Menchú no ganara impulsaron la candidatura de una destacada filántropa, quien de acuerdo con ellos, representaba mejor al país que “una india como la Rigoberta”.

Menchú tiene todo el derecho, como ciudadana guatemalteca, de optar a la Presidencia. Y más aún, por ser mujer e indígena, integrante de dos sectores que este país ha mantenido relegados.

La discusión sobre su candidatura sería más fructífera si se evaluaran sus capacidades personales, sus propuestas para afrontar los problemas del país y si entre quienes la impulsan hay un equipo razonablemente experimentado en el manejo de los asuntos públicos. Lo demás es puro machismo y racismo.

Fuente: www.elperiodico.com.gt


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