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En Guatemala la izquierda no gana
Por Gustavo Berganza - Guatemala, 14 de febrero de 2007

Todo se reduce a ricos vrs. pobres.

La izquierda no tiene presente ni futuro en Guatemala. Encuesta tras encuesta se confirma que este país no va a darle cabida a una opción política que le asigne al Estado un papel rector en la economía, que limite el rol del Ejército a la defensa de las fronteras, erradique la pena de muerte, amplíe los derechos de las mujeres, reconozca de facto y de jure la multiculturalidad y le dé primacía a la explotación ecológicamente sensible de nuestros recursos naturales.

Menciono estos seis temas, que suelen ser primordiales en las propuestas de los partidos que se hacen llamar de izquierda en otras latitudes, y que no tienen cabida en ninguna de las opciones que se anticipan como las más viables para competir por la Presidencia de la República. Otros temas que la izquierda impulsa son el derecho a planificar el número de hijos que se desea, el derecho al aborto, el trato humano a los detenidos, el respeto a las sexualidades alternativas y, en general, la primacía del interés general, colectiva y dialógicamente definido, por encima del interés individual.

Temas que resultan ser una exquisitez en el contexto de una sociedad tan, pero tan conservadora.

En Guatemala, se prefiere mantener al Estado apartado de todo –de cualquier manera, su presencia es hoy marginal como catalizador de procesos sociales– y se recurre a él solo cuando los intereses individuales se ven amenazados. El caso más reciente es el de los ahorristas en los bancos liquidados. Luego, con la precaria presencia del Estado en el campo de la seguridad ciudadana, como complemento al acto de tomar la justicia por mano propia –encarnada en el linchamiento y operaciones de limpieza social– se propugna que el Estado condene a muerte a los escasos delincuentes que logra encausar. La violencia generalizada ocasiona que se apoye incondicionalmente el desborde del Ejército hacia áreas que corresponden a la Policía. De ahí el ataque sistemático hacia grupos que critican los abusos a los derechos humanos y que advierten a la ciudadanía sobre los peligros que entraña la nueva militarización. Así las cosas, propuestas que ofrecen diferentes variantes de mano dura toman vuelo fácilmente, porque encajan en las aspiraciones de los guatemaltecos. En este país, tal como han demostrado los estudios de cultura política realizados por Asíes en varias oportunidades, a los guatemaltecos no les causa conflicto sacrificar la libertad que otorga la democracia liberal por la seguridad que, según ellos, puede brindarles un régimen autoritario. Con tal que no haya manifestaciones, huelgas, paros, le abrirían gustosamente la puerta a esa figura paterna fuerte, que disciplinaría a chicotazo limpio a todos los alborotadores.

En el imaginario político del guatemalteco de a pie la única diferencia que parece contar para apoyar un candidato es si él o ella dice estar a favor de lo pobres. No importa si esto implica relajar controles laborales, hacerse de la vista gorda con el cumplimiento en el pago de prestaciones, aprobar concesiones que contaminan, aumentar la tasa tributaria recurriendo a impuestos recesivos y negar la posibilidad de espaciar embarazos.

Fuente: www.elperiodico.com.gt - 130207


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