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Bush-Berger, almas gemelas
Por Gustavo Berganza - Guatemala, 7 de marzo de 2007

Ambos son ignorantes, tercos y ciegos ante la realidad.

Probablemente no haya en América Latina un mandatario con el que George W. Bush tenga tantas coincidencias de carácter y de desempeño como el mínimo y dulce Óscar Berger.

Al igual que nuestro querido y eficiente Presidente, George W. Bush ha sido un gobernante que ha hecho carrera haciendo más ricos a los ricos. Miren por ejemplo cómo las compañías petroleras estadounidenses, con las cuales están vinculados Papá Bush y Junior han visto crecer sustancialmente sus ganancias, y más cuando el precio de la gasolina alcanzaba alturas récord. En nuestra pequeña y atribulada patria, el sistema financiero, nunca antes había acumulado tantas utilidades –ni siquiera en tiempo de los Cenivacus de Cerezo y de Serrano– en un momento, precisamente, en el que la quiebra y liquidación de dos bancos dejó en la calle de la amargura a decenas de ahorristas que le confiaron sus modestos capitales. Y ahora, con el generoso ofrecimiento de la banca de recapitalizar el Fopa, cuya función fue totalmente desvirtuada por las autoridades de la banca central, resulta que el Estado les va a reconocer, como una bonificación por su generoso ofrecimiento de anticipar lo que por ley deben dar, nada menos que el 5 por ciento de intereses.

En Estados Unidos, Bush y su combo intentaron abrir las áreas protegidas de Alaska a las petroleras, y han castrado a la Agencia de Protección Ambiental (EPA). Aquí en Guatemala, un ministro de Energía y Minas recomendado por un poderoso productor de energía y financista de la campaña de Berger, protegió a compañías mineras que contaminan ríos y fuentes subterráneas de agua y se hizo de la vista gorda de los riesgos ambientales de muchas de las nuevas plantas de producción eléctrica.

Otra de las coincidencias de ambos presidentes tiene que ver con la ceguera ante la realidad y su empecinamiento en afirmar que dos más dos es cinco. Bush retorció datos de Inteligencia para justificar la invasión a Irak, so pretexto de bloquear la supuesta producción de armas biológicas y químicas y la inminente bomba atómica que fabricaba Sadam Hussein. Hubieron de morir 3 mil soldados estadounidenses y decenas de miles de iraquíes para aceptar que las cosas no eran como él las pintó. Aquí en Guatemala han muerto centenares de infantes, mujeres y hombres adultos y el Presidente no se dio por enterado del colapso de seguridad ciudadana. Tuvieron que morirse cuatro salvadoreños, tres de ellos del partido de su amigo Tony Saca, para que Berger se enterara de que la Policía Nacional Civil tiene escuadrones de la muerte. Y como Bush sostuvo hasta el final al inepto de Donald Rumsfeld, tal como ahora Berger se empeña en proteger a Carlos Vielmann y su apéndice, Erwin Sperisen. Solo falta que un día de estos les imponga la Orden del Quetzal. De esa manera estaría a la altura de Bush, quien otorgó la medalla presidencial al ex director de la CIA, George Tenet.

No olvidemos las semejanzas religiosas. Bush es un cristiano renacido que ha trasladado la ejecución de programas asistenciales federales a decenas de iglesias evangélicas. Berger no solo se la pasa condecorando imágenes y pendones procesionales sino además está empeñado en devolverle a la iglesia de Roma lo que a esta le quitó Justo Rufino Barrios. El hospitalito de la Policía, por ejemplo, recientemente pasó a manos de la orden jesuita.

De plano Bush y Berger son almas gemelas. No solo comparten un nivel de ignorancia semejante, sino además son igualmente tercos y ciegos ante la realidad.

Fuente: www.elperiodico.com.gt - 060307


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