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EE.UU. se cierra a los emigrantes
Por Gustavo Berganza - Guatemala, 13 de abril de 2007

Que se quiten la máscara y cierren su país.

En algún momento tendrán que quitarle la placa a la Estatua de la Libertad en la que el país exalta una vocación, hace ya algún tiempo puesta en duda, de acoger a los perseguidos y a los necesitados, porque en Estados Unidos prevalece hoy una actitud negativa y cerrada hacia la inmigración.

Con todo y ser uno de los países más diversos del planeta, en donde no existe nacionalidad alguna que no esté representada en sus 300 millones de habitantes, los estadounidenses no han interiorizado este hecho irrefutable.

A pesar de que a cada censo que pasa se evidencia el crecimiento en el número de asiáticos, africanos subsaharianos, árabes y latinoamericanos, el grupo blanco-europeo dominante hace todo lo posible por revertir esa tendencia que los enriquece culturalmente y mantiene el dinamismo de la economía. El rechazo se acrecienta si los no blancos lograron ingresar y establecerse en ese territorio sin la visa correspondiente.

A los inmigrantes sin visa se les acusa de ser carga para el establishment: son rémoras que se aprovechan del sistema educativo porque no pagan impuestos. Lo cual, por supuesto es una verdad a medias, porque nadie se escapa del impuesto a las ventas, que financia los servicios públicos estatales. Y por otra parte, hasta el cucarachero más infame tiene incluido en la renta el impuesto territorial, del que salen los fondos para financiar los distritos escolares.

Cuando George W. Bush vino a Guatemala y dijo estar impresionado por la laboriosidad de los cooperativistas de Chimaltenango y Sacatepéquez no fue capaz de hacer la relación entre estos y las decenas de miles de guatemaltecos indocumentados que laboran en EE.UU. de sol a sol, recibiendo salarios por debajo del mínimo y que contribuyen–gracias a las interminables jornadas, a su imposibilidad de acceder a prestaciones y a lo poco que se les paga- por mantener la altísima productividad de la economía de ese país. Se le olvida a Bush, como se le olvida a muchísimos de sus compatriotas, que el alto rendimiento que todavía tiene la fruticultura, un gran porcentaje del sector de servicios y las industrias manufactureras se debe, precisamente, a que los guatemaltecos sin visa trabajan más por menos dinero.

Uno entiende que la aversión al otro, sobre todo si es de piel oscura, tiene una cultura distinta y no habla bien el inglés, empuje a los estadounidenses a limitar las posibilidades de ingreso a su país.

Pero lo que no tiene madre es esa reforma que Bush y compañeros proponen, con visas de trabajo a US$3 mil 500. Y luego, que todavía pretendan hacer pasar como una muestra de generosidad cobrar US$10 mil como multa y enviar de vuelta al emigrante a su país de origen para que desde ahí inicie el trámite de la “tarjeta verde”.

Mejor que se quiten la máscara y cierren su país. De una vez, terminen el muro y prolónguenlo desde San Diego hasta El Paso. Pero no se las den de “conservadores compasivos”. Eso solo ellos se lo creen.

Fuente: www.elperiodico.com.gt


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